Solemos creer que la inteligencia es un gran don, de hecho, las personas pasan mucho tiempo potenciando sus habilidades y tratan de ser más hábiles en diferentes aspectos de la vida; sin embargo, Arthur Schopenhauer, filósofo alemán considerado uno de los más brillantes del siglo XIX, no opinaba lo mismo.
Para él, la inteligencia, más que acercar a las personas, las alejaba, era una carga, una maldición que terminaba aislando a quienes habían nacido dotados con ella, algo que te permitía percibir mejor el mundo, pero te condenaba a la soledad.
En tal sentido, solo hace falta meditarlo por un momento: la mayoría de las personas viven sus vidas sin cuestionarse demasiado los temas filosóficos, simplemente aceptan el mundo tal y como es y se conforman con lo que ya saben.
Sin embargo, la agudeza mental y el entendimiento de algunos les permite ver una verdad que para la mayoría es difícil de soportar, esto, de forma casi inevitable, conduce a la soledad, al rechazo, no por falta de habilidades sociales, sino porque se crea una pared invisible entre el pensador hábil y el mundo que lo rodea y no termina de comprenderlo.
GENIOS OLVIDADOS
Para demostrar dicho punto solo hace falta mirar al pasado: muchas de las grandes mentes de las que la historia tiene registro han vivido en carne propia la carga de ser profundamente distintas debido a su intelecto superior; según Schopenhauer, la sociedad no solo rechaza a las personas demasiado inteligentes, sino que también las castiga.
En tal sentido, como ejemplo se cita a Sócrates, quien fue condenado a muerte por corromper a la juventud, pese a que en su tiempo revolucionó por completo las enseñanzas filosóficas, tuvo discípulos y cuestionó desde temas relacionados al alma y el ser humano hasta el sistema democrático en el que vivía.
Además, en la misma línea está Friedrich Nietzsche, cuyas ideas impactaron en áreas como la psicología y la política, pero fue ridiculizado y tildado de loco, o Nikola Tesla, cuyos inventos no le garantizaron una cómoda vida y murió en la soledad.
Asimismo, un caso tal vez más conocido es el de Galileo Galilei, quien pasó su vida interesado en casi todas las ciencias y concluyó que el sol era el centro de nuestro sistema, lo que le valió la persecución por parte de la iglesia, pese a que es una verdad que hoy todos aceptamos.
LA MENTE COMO PRISIÓN
Ante un panorama tan pesimista, Schopenhauer creía que quienes son inteligentes prefieren la soledad por necesidad; no obstante, ese aislamiento que se presenta inicialmente como un refugio mental, se puede convertir en una prisión.
Desafortunadamente, esta condición puede derivar en males como la depresión o llevar al ser humano a experimentar una profunda melancolía, tal como ocurrió con personajes como el filósofo Søren Kierkegaard, el escritor Franz Kafka o el mismo Schopenhauer y su visión pesimista de la vida como un ciclo de deseos y frustraciones inacabable.
De tal modo que surge otra interrogante: cómo se puede vivir sin ser consumido por la inteligencia; cuya respuesta, según el filósofo alemán, está en aceptar la soledad y dirigir su energía hacia algo productivo, significativo, y no en intentar encajar en la sociedad.
Cabe recordar que muchos de los grandes pensadores tal vez no disfrutaron de la completa aceptación social, pero sus ideas trascendieron al tiempo y les fue posible coincidir con las pocas personas que veían el mundo como ellos, ya que, la inteligencia como arma de doble filo, bien utilizada, puede ser una herramienta poderosa para crear y ver más allá.










