Sonora, cuna de La proveedora, Cerro de Trincheras, La Pintada y muchos más

INAH

Sonora, situado en la región noroeste del país, es un estado que tiene muchos atractivos y una gran diversidad que se aprecia en sus áreas protegidas y en su variada geografía que incluye zonas como sierras, valles, desierto y hasta una costa bañada por las aguas del océano Pacífico.

Limita al norte con Estados Unidos y cuenta con un legado que permanece vivo porque allí se asientan ocho pueblos indígenas, entre los que destacan los mayos, los yaquis y los seris; asimismo, su historia se remonta a tiempos prehispánicos y durante la era colonial hubo una fuerte resistencia hacia los conquistadores españoles.

Al día de hoy existen dos teorías que explican el nombre de este estado, la primera afirma que proviene de la palabra señora, denominación que los españoles le habrían dado a esta región, pero los nativos, al no poder pronunciar la letra “ñ”, terminaron derivando el nombre a Sonora.

No obstante, otra conjetura indica que los indígenas vivían en chozas de caña llamadas “Sonot” en su lengua, que los europeos cambiaron al nombre ya conocido hasta nuestros días, extendiéndolo a toda el área.

Lo cierto es que, lejos de estas posibilidades, el estado tiene más de un sitio arqueológico que ayuda a reconstruir su pasado, es el caso de Cerro de Trincheras, un lugar que comprende más de cien hectáreas de superficie y se eleva casi hasta los 170 metros de altura sobre el nivel del valle que lo circunda.

En esta zona se pueden encontrar más de 900 terrazas con muros de piedra y fue en su momento un asentamiento que incluyó infraestructura agrícola, además de residencias para las élites, barrios de artesanos, estructuras ceremoniales para uso restringido y comunitario, espacios rituales, observatorios astronómicos, plazas; asimismo, albergó más de mil habitantes, haciéndolo verdaderamente complejo.

Otro lugar interesante es el sitio arqueológico La Proveedora, que fue habitado por diferentes grupos humanos hace miles de años y donde se hallan gran cantidad de petrograbados con diseños zoomorfos, antropomorfos, geométricos, y también algunas terrazas y estructuras en piedra.

Por otro lado, no puede dejarse de mencionar La Pintada, un espacio que concentra casi dos mil pinturas y grabados rupestres que podrían estar relacionadas, según algunos estudios, con la magia de caza o ritos de fertilidad; también, se han encontrado algunas muestras de cerámica y herramientas de piedra en los alrededores que pertenecieron a campamentos estacionales que allí se asentaron.

De gran importancia es también La Cantera, cuyo nombre se debe a la presencia de bloques de toba volcánica que se elevan hasta los diez metros y contienen surcos y agujeros en la cima, que, en conjunto, forman círculos y cuadrados, cuyo propósito aún es un misterio; el Cajón del Jiósari, con sus conjuntos de pinturas y finalmente la Cueva de los Monos, a poco más de cuatro horas de la ciudad de Obregón.