No debemos olvidar lo que sucedió para evitar que suceda otra vez. La democracia nació en Grecia y, a diferencia de ahora, solo podían votar los ciudadanos inscritos en las listas de griegos –ni mujeres ni esclavos, que eran mayoría, podían votar–; además, con este sistema, nació el principio de la inclusión popular en la vida política, para así evitar las tiranías y las decisiones de una sola persona para sus propios beneficios y los de las élites que él tuviera a bien conceder.
Más de la mitad de la población mundial vive fuera de la democracia o en democracias fingidas.
La democracia llegó, forjó el parlamentarismo y así surgieron los “teatros” legislativos que, gracias a ellos, muchos jóvenes no creen en la democracia.
México vivió muchos años una anestesia social, donde nos hacían creer que los modelos usados eran democráticos y no por dedazo. Muchos años vivimos con antifaces de pobreza, reforzados por miles de frases de que el reino de los cielos sería de los pobres, cuanto más pobre, mejor. Más desigualdad es más conveniente.
En los años siguientes al ejemplo de Grecia, las élites solo empezaron a ceder cuando el miedo tocaba en sus puertas y no por motu proprio.
Se empieza a cocinar la idea que la política es la gestión de todo conflicto y la herramienta es el poder; el hilo conductor siempre ha sido el pueblo, que siempre resiente los modelos de muchos nombres, pero por así decir uno, el sistema neoliberal, que lejos de haber servido, encareció todo para el pueblo y solo benefició a un selecto grupo.
México no fue la excepción. Se fue cocinando una desigualdad tremenda donde había un número vergonzoso de gente en pobreza extrema; ya no solo eran los analfabetos, era el número de pobres en aumento y las malhabidas fortunas de algunos.
¿Cuál sería el cambio obligado?, pues no se veía ni cercano, hasta que llegó nuestro presidente Andrés Manuel López Obrador, quien a través de cambios –que siguen siendo insuficientes– comenzó a desmarañar ese sistema fallido, pero con un arte de seguir avanzando en una nueva economía global, donde les devolvió la dignidad a los adultos mayores y llevó a la mesa de cada familia no solo esperanza, sino también comida y oportunidades diferentes, donde los jóvenes pueden seguir estudiando y se crean fuentes de trabajo.
Donde también la convivencia con los más ricos es diferente, no igual que antes, pero es buena. Y también busca un balance de apoyar al que menos tiene, desde los recién nacidos hasta nuestros amados viejos.
De igual forma apoya a las mujeres, que hoy son la fuerza no solo de casa, sino en la política en México.
La tarea que sigue es enorme. Y es muy importante reflexionar que es de vital importancia continuar, quitar dentro de esa bola a los fantoches que “charolean” el nombre y ni de cerca son iguales a nuestro mandatario. Aquí podríamos poner a más de la mitad de los legisladores de la 4T y a más de la mitad de los servidores públicos.
Existen áreas de oportunidad que aprovechan los antiguos dueños del poder para decir que todo es malo, cuando no lo es. Ni malo fue todo lo pasado, ni malo es todo lo que hace el Presidente.
Es un punto justo por balance. Hay mucho menos corrupción ahora que antes. Y en este punto la candidata del partido en el poder lo sabe, lo entiende y lo vive.
Claudia es un factor de continuidad, de cambio y de mejorar lo que no se hizo bien en esta administración, como los temas de educación, salud y seguridad, y no volver a crear una fábrica de pobres – como en su momento lo hizo el neoliberalismo– y menos de híper millonarios a costa de México.
Ella deberá administrar mejor las concesiones del país y la explotación de sus recursos y compartir sus beneficios, con los que luchan día a día por llevar el sustento a sus casas.
Mutilar la corrupción judicial y castigar a los corruptos es otra materia pendiente, que nacerá con un voto razonado y un Congreso formado por personas de todo tipo, comprometidas con el desarrollo y bienestar de cada mexicana y mexicano.
La historia deja muchos puntos de vista de todos los ángulos, pero sin duda López Obrador es un presidente que puso las semillas para futuras generaciones de fe y bienestar social. <<










