Nacido en 1981 en Maniwaki, Quebec, Étienne Gélinas encontró en los contrastes boreales de su entorno natal —entre lo agreste del paisaje y la rigidez geométrica de la arquitectura— una matriz visual que aún pulsa en el corazón de su obra. Su pintura, cargada de capas técnicas y poéticas, revela una tensión constante entre lo racional y lo sensible, entre el lenguaje del ingeniero-arquitecto y el pulso del pintor.
Formado en el Collège de l’Outaouais y posteriormente en la Universidad de Quebec en Outaouais (UQO), donde obtuvo títulos en artes visuales y gestión de proyectos, Gélinas consolidó un enfoque riguroso y multidisciplinario. La intersección entre creación, gestión y teoría plástica se convirtió en su plataforma de despegue.
Desde hace más de dos décadas, Gélinas ha sostenido una práctica artística vibrante y comprometida. Su obra ha recorrido Canadá y cruzado fronteras hasta Estados Unidos y México, donde ha dejado una huella visual que desafía tanto al espectador como al lenguaje mismo de la pintura.
En galerías como St-Laurent + Hill, Thompson Landry o SOPA Fine Art, sus composiciones se despliegan como territorios donde diagramas, planos arquitectónicos, textos y veladuras coexisten en una especie de coreografía estructural. Su exposición en CETYS Universidad, en Baja California, dejó claro su interés por entablar diálogos plásticos entre culturas.
“Trabajo con perspectivas múltiples, con planos superpuestos, buscando que el lienzo plano se convierta en una experiencia tridimensional y subjetiva”, explica. Su encuadre pictórico, influenciado por el cine y la fotografía, sugiere siempre algo que queda fuera del campo visual. Un misterio técnico, sí, pero también emocional.
Sus influencias abarcan un espectro vasto y coherente: de la monumentalidad de Anselm Kiefer a la precisión geométrica de Mondrian, del cruce entre arte y tecnología de Panamarenko a la teatralidad escultórica de David Altmejd. También hay en él una sensibilidad hacia lo social, una resonancia con el ímpetu visual de Banksy y una afinidad con la mirada del mexicano Álvaro Blancarte.
Actualmente, Gélinas trabaja en una colaboración transfronteriza con la artista mexicana Gretchen Velarde, una residencia que pone en juego la abstracción contemporánea y los códigos culturales que la sostienen. Prepara exposiciones individuales en Ottawa y Kelowna para 2026, y tiene proyectos en desarrollo para México y Estados Unidos. “El arte necesita cruzar fronteras, no solo geográficas, sino simbólicas”, sostiene.
Su proceso creativo es casi litúrgico. Comienza con una fase de investigación, recolectando planos, símbolos, textos, que luego traduce en capas pictóricas construidas con lentitud y escucha. “Me tomo largos momentos de observación silenciosa, casi meditativa. La obra debe revelarse poco a poco. La escucha, la lentitud y la atención al material son esenciales”, confiesa.
El trabajo de Étienne Gélinas no busca respuestas rápidas. Más bien propone preguntas visuales que se construyen desde el rigor técnico, pero que sólo se completan con la mirada activa del espectador. En tiempos de velocidad digital, sus lienzos vitrificados –que evocan pantallas– nos invitan a detenernos, a habitar otra temporalidad. Como él mismo plantea: “En un mundo donde la pantalla tiende a reemplazar la realidad… ¿será que la pintura, antes una ventana al mundo, se ha convertido hoy en una pausa visual de la realidad digital?”
Su obra, entonces, no solo construye imágenes: edifica pensamiento, espacio y tiempo.
CONTACTO
Instagram: etienne_gelinas_art
Facebook: etienne.gelinas1
Web: www.etiennegelinas.com
Mail: info@etiennegelinas.com
















