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Día del Abogado

Recientemente se celebró “El Día del Abogado”, con motivo de ello, la Barra de Abogados que agrupa a un buen número de letrados, me pidió formular algunas reflexiones y de esta manera transmití dos inquietudes, las cuales, es imprescindible analicemos con todo cuidado.

La primera de ellas es la vorágine que estamos viviendo, donde el Derecho se ha visto diezmado de manera alarmante; lo que menos ahora importa es cumplir la ley, a la que se margina, se le imponen caprichos e imprudencias ante una actitud complaciente de quienes estamos obligados a cuidar su vigencia y evitar que la anarquía nos haga naufragar.

El segundo aspecto, es examinar si las actuales normas se encuentran a la altura de nuestras necesidades, o si es el momento de adecuarlas.

En estos dos renglones tenemos que proponer soluciones; nuestra conducta debe ser acorde con el principio romano de “darle a cada quien lo que le corresponde”.

Bien sabemos que hoy por hoy la ley no se cumple, siendo ésta la esencia de nuestras Instituciones, las cuales sistemáticamente son laceradas por los Hombres del Poder.

La sociedad nos ha entregado un esencial compromiso: acatar la ley, aplicarla por igual e impedir una tiranía, lugar del que por desgracia no estamos nada alejados.

En este drama donde la ley no se obedece, nos hemos convertido en cómplices con esa cotidiana conducta a la que denominamos prudencia, pero que se convierte en cobardía. El miedo nos invade, el temor a sufrir represalias, al igual que padecer persecuciones y graves atentados, nos hemos vuelto conformistas; las protestas se vuelven aisladas y la falta de solidaridad es evidente.

Formemos un frente para protestar contra la infamia, para denunciar a los que mal gobiernan, pero también para organizarnos y defendernos.

Bajo ningún concepto aceptemos tan dramático destino, que sea este acto para conjurar un compromiso: honrar la ley y no permitir más la evidente carrera hacia la dictadura.
Nuestras instituciones, nuestra organización política, nuestro marco legal deben permanecer intocados. Es momento de denunciar la mediocridad y corrupción que invaden todos los ámbitos gubernamentales, donde la regla es la ineptitud, el cualquierismo, el nepotismo y el compadrazgo.

Estos factores señalados como característica de los Hombres del Poder, han permitido el incremento de la delincuencia y la falta de proyectos para un México mejor.

Basta de insultos, descalificaciones, persecuciones y la ausencia de la mínima consideración a la dignidad, donde los odios y venganzas son sistemáticos, llegando a la perversa creación de ilícitos, usando el poder para dar rienda suelta a sus pasiones, sin que los altos funcionarios reciban el castigo que merecen. La impunidad y el descaro cada vez son más evidentes.

Retomando el tema del respeto a la ley y su necesaria actualización, aceptemos que es un binomio inseparable que deberá tener un manto protector, donde gobiernen los mejores, algo indispensable para iniciar un verdadero avance en el reclamo de la sociedad, que es precisamente una justicia digna, respetable, sin perversidades y mucho menos actitudes perversas.

Debo aclarar que estos planteamientos de carácter personal, fueron bien recibidos por mis colegas, en particular quienes se dedican al arduo trabajo en Tribunales, donde han comprobado un sinnúmero de fallas que es fundamental superar. Esto se puede lograr con la participación no solo de los conocedores del Derecho, sino de toda la sociedad.

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