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Vivimos el Mundo de sombras

Me parece que cada uno de los filósofos que he estudiado tienen parte de razón; me imagino que ante una gran montaña que es el bien y la verdad, existen múltiples rutas para acceder a ella, si bien creo que nadie ha alcanzado la cima, los grandes pensadores han encontrado rutas que se acercan y por eso nos abren el camino para acceder a ellas.

En lo personal, he subido a la montaña por varias rutas, alguna veces he tenido que alejarme de ellas ya que, en el momento que iba ascendiendo, no encontré las respuestas que buscaba. Sin embargo, todas ellas me han servido para alcanzar la conciencia que hoy tengo en mí.

Te contaré uno de esos caminos que dejé y que, en este momento de mi vida. me vuelve a hacer sentido el recuperarlo. Es la caverna de Platón que a continuación te citaré; en el libro VII de La República, Platón cuenta la siguiente alegoría:

“Ahora, continué, imagínate nuestra naturaleza, por lo que se refiere a la ciencia, y a la ignorancia, mediante la siguiente escena. Imagina unos hombres en una habitación subterránea en forma de caverna con una gran abertura del lado de la luz. Se encuentran en ella desde su niñez, sujetos por cadenas que les inmovilizan las piernas y el cuello, de tal manera que no pueden ni cambiar de sitio ni volver la cabeza, y no ven más que lo que está delante de ellos. La luz les viene de un fuego encendido a una cierta distancia detrás de ellos sobre una eminencia del terreno. Entre ese fuego y los prisioneros, hay un camino elevado, a lo largo del cual debes imaginar un pequeño muro semejante a las barreras que los ilusionistas levantan entre ellos y los espectadores y por encima de las cuales muestran sus prodigios. –Ya lo veo, dijo. –Piensa ahora que a lo largo de este muro unos hombres llevan objetos de todas clases, figuras de hombres y de animales de madera o de piedra, v de mil formas distintas, de manera que aparecen por encima del muro. Y naturalmente entre los hombres que pasan, unos hablan y otros no dicen nada. –Es esta una extraña escena y unos extraños prisioneros, dijo. –Se parecen a nosotros, respondí Y, ante todo, ¿crees que en esta situación verán otra cosa de sí mismos y de los que están a su lado que unas sombras proyectadas por la luz del fuego sobre el fondo de la caverna que está frente a ellos. –No, puesto que se ven forzados a mantener toda su vida la cabeza inmóvil”

Hoy pienso que Platón tenía razón, vivimos encadenados a sombras, prejuicios, opiniones de otros y no hemos tenido la valentía de deshacernos de esas proyecciones y sombras, por eso nuestra conciencia sigue siendo de muy baja frecuencia.

Termino con esta frase de José Saramago para que veas, querido lector, a lo que me refiero: “El mundo se está convirtiendo en una caverna igual que la de Platón: todos mirando imágenes y creyendo que son la realidad”

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