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Una carrera contra la verdad

EFE
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Una carrera contra la verdad, y no la llamada “verdad histórica”, que solo fue tratar de tapar el sol con un dedo. Querer moldear el destino político de México es una de las más arduas acciones del presidente Andrés Manuel López Obrador.

La armonía política es cada vez más endeble, y seguramente de momentos de incomprensión, de que alguna mujer diga que el sueño mexicano es empezar vendiendo gelatinas, labor que no solo es honesta, sino que además muchas familias viven de este noble y delicioso oficio.

Vale anotar o preguntar, ¿cuántos de esos mexicanos o mexicanas han amasado fortunas como la de la actual precandidata de la oposición a la Presidencia? Vaya que ni Bill Gates hizo esa proeza.

¿Cómo debe medir México el índice de la corrupción, que además son hechos palpables cada día y que no se pueden esconder debajo de un tapete?

¿Cómo debemos esperar como país que se mida la corrupción? O como dice la Biblia, “el que esté libre de pecado, que tire la primera piedra”.

Es decir, debemos ser un país con funcionarios honestos. Como bromas de precampañas, ya fueron varias, con fintas y bolas ensalivadas de mal gusto.

Por un lado, tenemos un precandidato que fue elegido con cubas y botanas, qué gracioso.

Otra precandidata, ejemplo de enriquecimiento lícito –según ellos–, que jamás recibió ni un regalo y siempre pagó las cuentas en los restaurantes de Polanco a los que asistía, que hizo de la grenetina la sustancia más lucrativa de este mundo; vaya, nivel carbono catorce.

U otro actor que jamás lo quiso y se rasgó las vestiduras que jamás iba a querer ser Presidente por no dejar el estado que gobierna y, a la hora de la hora, le movieron el tapete y pues fíjese que siempre mejor va mi señora, que es la más carismática (eso sí) y mujer inteligente.

Difíciles de reconocer por los misóginos, que aun quitándoles el X –antes Twitter–, sin mechas por fuera, pero muy corderos por dentro. Porque recordemos que México ya empieza a tener memoria y, no como dicen por ahí, que somos un país desmemoriado. Y sí se acuerda que antes quien mandaba al sombrerudo en el exrancho La Hormiga era la mujer, que llegó con sus becerros a dejar seco todo lo que tocaban.

Vaya que es una realidad. Por un lado, se laceran con baños de humildad, pureza y honestidad, y por el otro hay manera de ver algo.

No confundamos la palabra Morena con honestidad, en ese partido también hay varas que quitar, y es responsabilidad del Presidente que algunos al ver lo que hicieron sus antecesores, sean débiles y caigan, pero no es política del mandatario ni él ha sido así. Bien lo ha dicho: nadie, ni su más cercano círculo, será justificado si hicieran algo así.

Es fácil difamar, manipular, pero no es así, pues la verdad saldrá con el tiempo y se verá –valga la redundancia– lo que algunos sí pueden ver.

La política con una oposición como la de México es compleja y hay que tener cuidado de no irse con la finta, pues hoy las traiciones ya comenzaron al interior de cada equipo: No generalizamos, porque en todos lados hay buenos elementos y sanas discrepancias, lo que no se vale es la calumnia ni la manipulación.

Por otro lado, siguen los éxitos y aprobación de nuestro Presidente, quien no premia la corrupción, y si no, pregunten por qué el titular del Instituto Mexicano del Seguro Social no es el candidato al gobierno de Chiapas, y por qué seguramente no seguirá en el próximo sexenio.

Lo claro es que el poder está en las urnas y que la continuidad es necesaria para lograr el objetivo-país que busca trasformar a México.

No caigamos en falsos rumores que arrastran a la verdad y veamos que México es un gran país que no se hizo adicto a los préstamos, como en tiempos cercanos, cuando nos dejaron endeudados hasta el cuello.

La visión política no es solo con la vista, es con el análisis del por qué las cosas. <<

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