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Un toro y Héctor Gutiérrez salvan la tarde en Cinco Villas, Estado de México

La corrida benéfica celebrada este domingo en la plaza de toros Cinco Villas, Estado de México, estuvo marcada por el decepcionante juego de los toros de Pozohondo.

En la lidia, el español David Galván y los mexicanos Octavio García “El Payo” y Héctor Gutiérrez se retiraron sin obtener apéndices. Lo único destacable de la tarde fue la faena de Gutiérrez al tercero de la tarde.

Ubicada en la localidad de Santiago Cuautlalpan, Estado de México, a unos 30 kilómetros de la capital, la plaza registró un lleno de aficionados ávidos de tauromaquia.

Se esperaba mucho del hierro zacatecano de Pozohondo. Fueron siete toros, ya que el español David Galván pidió uno de regalo, bien presentados pero muy endebles y descastados, pero hubo una excepción, el tercero de la tarde.

La res brava tocó en suerte al joven espada mexicano Héctor Gutiérrez. El de Aguascalientes está en un gran momento, comprometido con la versión más purista del arte de Cuchares.

Así dejó patente en el último mes en distintas plazas y hoy lo hizo frente a la afición capitalina desplazada hasta Cinco Villas. La faena al tercero de Gutiérrez brilló desde el capote. Toreó muy ceñido y con sentido, dejando, en un quite por saltilleras, al animal en el centro del ruedo.

Ahí se desarrolló su buena faena de muleta. Fueron cuatro tandas, dos por pitón, cargando la suerte y haciendo repetir al Pozohondo hasta cinco veces.

El toro embestía con bravura la desmayada tela de Héctor que cruzado logró mandar sobre el ímpetu de sus pitones. El espada renunció demasiado pronto al toreo profundo y con ligazón para apostar por adornos y pases de cartel.

Alguno muy bien realizado como fue un trincherazo con la mano derecha. Las dos orejas las perdió al matar de un bajonazo, ninguno de los toreros se volcó en la testa de los Pozohondos que presentaban astas apuntado al cielo. El juez de plaza acertó negando el trofeo al diestro.

Con su segundo del encierro Gutiérrez no pudo hacer nada pues ni se desplazaba ni embestía. Lució en el peto acudiendo de lejos pero ya en su carrera al caballo hizo una leve parada que evidenciaba la falta de casta.

Esa condición fue el común denominador de los otros seis astados y lo poquito que traían escapó de las muletas de “El Payo” y Galván.

Octavio García tuvo el peor lote al que siempre ofreció la muleta en paralelo. Sin afán de mando. Se vieron pases muy interpretados pero sin ninguna sustancia con sus dos rivales. La duda sobre qué sucederá en su tarde de San Isidro sigue en el aire.

El español David Galván venía con una idea clara de lo que quería ofrecer en su primera corrida mexicana. Le costó renunciar a ella, aunque los toros no estaban para toreo reposado.

Con él segundo de la tarde solo entendió lo que demandaba el Pozohondo en una tanda de naturales. El resto mucha actitud ante un descastado al que mató de buena estocada en tablas. Parte del público pidió sin motivo la oreja que el juez, en una buena tarde por su lado, se resistió a facilitar. Galván dio una vuelta al ruedo.

Con el quinto y el de regalo más de lo mismo. Mucho gesto torero y poco que hacer con dos mansos de libro. A destacar en la tarde las buenas varas de Cesar Morales y “El Güero” de la Capilla, padre de César.

En este Domingo de Ramos en Cinco Villas la recaudación de la taquilla se destinó a la Casa Hogar Divina Providencia. EFE.

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