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Un libro pasa revista a 1923, un año de fantasmas para Alemania

El historiador Volker Ullrich, autor de una biografía de Hitler, ha publicado un libro en el le pasa revista a 1923, un año de fantasmas para Alemania, algunos de los cuales todavía vivos un siglo después como el temor a la inflación.

“1923. El año al borde del abismo”, es el título del libro de Ullrich, publicado por la editorial CH Beck.

Al final hay un capítulo en el que pasa revista a los años siguientes, hasta 1933, y deja planteada la pregunta de en qué medida las crisis de 1923 dejaron vivos los gérmenes que llevarían al advenimiento del nazismo.

La ocupación de la cuenca del Ruhr y de Renania por tropas francesas y belgas para exigir el pago de reparaciones por la I Guerra Mundial y la hiperinflación, con precios que no creían día a día a día sino hora a hora, son dos de los focos de crisis que marcaron ese año.

Además, en ese año hubo un intento, fracasado, de crear una sublevación por parte del Partido Comunista Alemán (KPD), también un intento de golpe de estado de la ultraderecha encabezado por Adolf Hitler y el general Erich Ludendorf y, lo menos grave si se compara con las otras dos amenazas, movimientos separatistas en Renania y el Palatinado.

Ullrich, en el prólogo, sostiene que mientras durante mucho tiempo la historia de la República de Weimar (1919-1933) había sido asumida como una descripción del caldo de cultivo que llevaría al nazismo historiadores más recientes procuran mostrar que el camino hacía allí no era fatal ni inevitable.

El mismo se inclina hacia esa postura y señala que al final de 1923 se logró superar la hiperinflación, se llegó a un acuerdo sobre reparaciones, asumible para Alemania, que terminó con la ocupación y que los intentos de sublevación extremista no tuvieron éxito, lo que mostraba la capacidad de resistencia de la primera democracia alemana.

Sin embargo, hubo un caldo de cultivo que quedó y que se recrudecería más tarde, en los años 30. “No haya nada que desarrollara tanta amargura, tanto odio y tanta disposición a aceptar a Hitler como la inflación”, escribió Stefan Zweig en sus memorias, citadas por Ullrich en el último capítulo.

También Thomas Mann, en un texto escrito en su exilio californiano y citado por Ullrich, ve “un camino directo de la locura de la inflación a la locura del III Reich”.

Ullrich, a partir de esas dos citas, sostiene que la pérdida de valor del dinero estuvo acompañada de una pérdida de la aceptación de valores y normas sociales. Además. muchos que vieron como su fortuna se desmoronaba, empezaron a ver la época anterior a 1914 como “los buenos viejos tiempos”.

De otro lado, el miedo a la inflación llevó a que entre 1930 y 1932 el Gobierno de Hermann Brunning insistiera en una política fiscal restrictiva, tras el shock del viernes negro de 1929, en lugar de intentar impulsar la coyuntura con un aumento del gasto público.

Todo ello fue creando un caldo de cultivo que facilitaría el ascenso de los nazis lo que, sin embargo, Ullrich cree que hubiera sido evitable hasta el último momento.

Ese caldo de cultivo estuvo abonado además por la inestabilidad política. En 1923 Alemania tuvo tres Gobiernos presididos por Wilhelm Kuno, Gustav Stressemann y Wilhem Marx.

El entonces presidente Friedrich Ebert fue clave para sortear las diversas crisis. Ebert murió en 1925 y su sucesor fue el mariscal Paul von Hindenburg que terminaría nombrando a Hitler canciller.

“El hundimiento de la República de Weimar no era en modo alguno inevitable”, escribe Ullrich.

“En 1923 había mostrado una increíble capacidad de supervivencia y tal vez hubiera podido superar los años aún más difíciles entre 1930 y 1932 si al frente del estado hubiera estado alguien como Ebert dispuesto a defender la democracia parlamentaria con todos los medios”, escribe Ullrich.

El libro aparece justo en un momento en que el fantasma de la inflación -aunque muy lejos de las dimensiones infernales de 1923- ha regresado a Alemania y en el que hay movimientos extremistas, como los Reichbürger, que buscan la destrucción de la república.

Las diversas crisis, derivadas de la pandemia y de la guerra de Ucrania, también agitan los ánimos. Sin embargo, siempre se repite ya el viejo mantra, desde los tiempos en que surgió la ultraderechista Alternativa por Alemania (AfD) de que “Berlín no es Weimar”.

EFE/Rodrigo Zuleta

JBR

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