Un idilio con México

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EFE

Garbiñe Muguruza apenas tenía mes y medio cuando Arantxa Sánchez Vicario emprendía el intento de conquista del Masters femenino, en el Madison Square Garden de Nueva York, frustrado después por la dictadura impuesta en esa época por la alemana Steffi Graf.

Fue en la penúltima semana de noviembre de 1993 cuando Arantxa caía en cuatro sets contra la alemana, que al cierre de su carrera acumuló cinco trofeos de maestra, tres menos que la checa Martina Navratilova, la que más atesora.

Arantxa era un islote del tenis femenino español en esta competición que cierra a lo grande cada temporada. Nunca nadie antes había estado tan cerca de ganar unas Finales WTA. Ni antes ni después.

Ese mismo año, hace ya veintiocho, un 8 de octubre, nacía en Caracas Garbiñe Muguruza a la que pronto le atrajo la pasión por la raqueta que tiempo antes ya manejaban sus dos hermanos.

Han pasado casi tres décadas desde entonces. El tiempo que ha tardado el tenis español femenino en recuperar su repercusión en el torneo. Medio centenar de ediciones, las que se cumplen desde el nacimiento del evento, ha necesitado para encontrar su espacio en el palmarés del torneo.

Y fue en Guadalajara, en México. En el escenario al que el destino llevó la competición después de que las secuelas de la covid dejaran al margen a Shenzhen, China, sede establecida hasta el año 2030.

México reaccionó y en tiempo casi de récord puso en acción a las ocho mejores jugadoras del momento a la altura de las exigencias. Ni la organización ni el juego decepcionó y Garbiñe fue la mejor en un torneo con el panorama abierto.

Muguruza nunca salió malparada de allí. Jugó como en casa. Dos presencias en el torneo de Monterrey y dos trofeos. Está invicta en este abierto mexicano que realza su palmarés. Lo conquistó en el 2018 y el 2019. Dos de los diez títulos que componen su bagaje de éxitos donde sobresalen las victorias en Roland Garros en el 2015 y el 2017, los dos grandes que ensalzan su recorrido al que apuntala ahora este en Guadalajara.

Dice la española que las jugadoras consideran las Finales WTA como un título del Grand Slam. Garbiñe reinó en Londres y París. Y rozó el éxito también en Melbourne, en el Abierto de Australia, donde fue finalista en la temporada pasada superada por la estadounidense Sofia Kenin.

Desde el principio, Muguruza fue la favorita del público de Guadalajara al que siempre consideró especial. Saltaba a la cancha la española con la camiseta de la selección mexicana. Un guiño a la afición, una carta de presentación reconocido por el gentío. Fue evidente la conexión.

No fue la más esperanzadora la puesta en escena de Garbiñe Muguruza en las finales WTA. Perdió en su debut, en su partido contra la checa Karolina Pliskova, aunque se rehizo con los triunfos frente a Barbora Krejcikova y Anett Kontaveit, la tenista que más victorias ha obtenido en el último tramo del curso. Eso le llevó hacia semifinales.

Venció con autoridad a su compatriota Paula Badosa, la otra gran sensación del año, y se situó en la final, donde dio buena cuenta, de nuevo, de Kontaveit (6-3 y 7-5).

Garbiñe, impulsada con el triunfo hasta el tercer lugar del tenis femenino mundial, realza un año inestable. Enaltecido con los triunfos en Dubai y Chicago o las finales de Melburne y Doha pero también con eliminaciones prematuras y participaciones irregulares en Roland Garros, el Abierto de Estados Unidos o los Juegos Olímpicos de Tokio.

Pero México lo cambió todo. Muguruza hizo historia en Guadalajara donde se convirtió en la tercera raqueta española tras Manolo Orantes en 1976 y Alex Corretja en 1998 en lograr la categoría de Maestro, la primera española. EFE

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