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Ucranianos tratan de llevar vida normal mientras esperan la contraofensiva

Las autoridades ucranianas advierten en contra de expectativas demasiado altas de la prevista contraofensiva y menos de la mitad de la población espera que la guerra termine este año, mientras la ciudadanía intenta llevar una vida normal y apoyar a su ejército.

El 93 % de los ucranianos cree en la victoria final de su país, y la mitad de ellos la espera ya este año, según la última encuesta de marzo del Razumkov Centre, con sede en Kiev.

Aunque los preparativos de la contraofensiva están “cerca de la línea de meta”, según el ministro de Defensa ucraniano, Oleksiy Reznikov, tanto él como el titular de Exteriores, Dmytro Kuleba, han adoptado recientemente un tono de cautela, y este último ha advertido de que podría hacer falta más de una rápida contraofensiva para liberar el territorio ucraniano en poder de Rusia.

Mientras esperan un rápido final de la guerra, los ucranianos no tienen más remedio que seguir llevando una vida lo más normal posible en medio de los amargos informes que llegan desde el frente y tras los ataques con misiles de Rusia.

“Tratando de encontrar pequeñas alegrías en medio del inmenso dolor”, así firma Tetiana Zhavzharova, directora de la ONG ecologista “Ecosense”, una foto que tomó en Leópolis el fin de semana. Ha sido su primer viaje fuera de la ciudad de Zaporiyia, en primera línea del frente, en más de 14 meses de invasión rusa.

El contraste entre su ciudad de origen y Leópolis, situada a unos 1.000 km de la línea del frente, es significativo. En Zaporiyia, las sirenas de alarma, las colas para recibir ayuda humanitaria y los ecos de las explosiones se han convertido en un elemento habitual del día a día. Afortunadamente, dice Tetiana a Efe, el ambiente en Leópolis es más relajado.

Varias decenas de miles de tulipanes, donados a la ciudad desde Holanda, han florecido, atrayendo a residentes y ucranianos desplazados que encontraron refugio en la ciudad. El pleno florecimiento en la segunda primavera de la invasión rusa contrasta con la cruda realidad de la guerra.

“La vida es difícil, pero hay que buscar cosas que la hagan más luminosa y agradable”. Tetiana se suma al enfoque de las “pequeñas alegrías” que le ayuda a adaptarse psicológicamente a la guerra, defendido por su colega, la psicóloga Victoria Sokolova.

“Aunque después de un bombardeo lo único que veamos sea un fuego, deberíamos intentar divisar algo, como una flor, que nos ayude a gestionar nuestras emociones y nos dé esperanza”, explica Tetiana.

Mantenerse activa profesionalmente, dividir los planes en pequeños pasos y apoyar a quienes necesitan especialmente nuestra ayuda también la ha ayudado a sobrellevar la absoluta imprevisibilidad y el caos de la guerra.

“Nunca sabes si tú y tus seres queridos vais a estar vivos mañana o no”, comparte Tetiana, mientras subraya que es más fácil para aquellos que son activos que para los que tienden a quedarse en sus apartamentos y estar al tanto todo el tiempo de las aterradoras noticias.

“Te sientes más fuerte cuando ayudas a los demás”, subraya Tetiana.

Espera la contraofensiva “con cierto temor” y sabe lo difícil que va a ser para los soldados. Sin embargo, como muchos ucranianos, no se limita sólo a esperarla.

“Todo el mundo intenta ayudar, ya sea tejiendo redes de camuflaje, haciendo donaciones para el ejército o ayudando a las familias de los soldados”, subraya Tetiana.

Las huellas de la guerra están por todas partes en Leópolis, con vehículos verdes militares aparcados en el centro y soldados vestidos de uniforme paseando con sus familias, mientras disfrutan de un breve permiso.

Casi cada día, el ajetreo de la céntrica plaza Rynok se detiene bruscamente por la mañana. Una melodía de trompeta penetra el silencio mientras los residentes despiden a uno o varios soldados caídos antes de que sus cuerpos sean llevados al cementerio.

En el cementerio se está celebrando una misa conmemorativa cerca de la tumba de un soldado que resultó muerto hace exactamente un año. Las ventanas de una maternidad cercana dan a las tumbas.

El sacerdote dice: “La muerte es dolorosa. Pero nuestros recién nacidos pueden sentirse seguros sabiendo que nuestros soldados luchan por su futuro, para proteger su oportunidad de vivir en un país libre”. EFE

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