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Tuzani, marroquí aspirante al Óscar: Avanzamos a una apertura en tema LGTBI

María Traspaderne

La hispano-marroquí Maryam Tuzani forma parte del reducido grupo de directores preseleccionados al Óscar a mejor película internacional. Lo hace por su cinta “El caftán azul”, que acota ese privilegio aún más si hablamos de África. Es el único filme de este continente y habla además de un tema tabú en el mundo árabe: la homosexualidad.

Desde Casablanca, Tuzani atiende al teléfono a EFE en la semana en que se ha conocido que “El caftán azul” es una de las quince películas precandidatas al Óscar. Solo una marroquí consiguió antes dar este paso, “Omar me mató”, allá por 2011.

Tuzani, de abuela española y con media familia viviendo en España, empezó dedicándose al periodismo y recondujo luego su carrera al cine. En su primera película, “Adam”, se sumergió en los problemas de las madres solteras en Marruecos, donde están penadas las relaciones extramatrimoniales, y aborda ahora la homosexualidad, otro estigma social también en el Código Penal marroquí.

Lo hace a través de Halim y Mira, un matrimonio que regenta una tienda de caftanes en la medina de Salé, ciudad contigua a Rabat. Halim guarda en secreto su condición homosexual y se fija en Youssef, un joven aprendiz de la boutique.

Pregunta.- ¿Cómo surgió la idea de hacer esta película?

Respuesta.- Surgió un deseo, un deseo de hablar de personajes que me tocan en lo más profundo de mi ser y que no tienen necesariamente una voz. Fue buscando localizaciones para mi última película, “Adam”, en la medina de Casablanca. Me encontré con un hombre con el que sentí que había toda una parte de su vida que no podía expresar. Fui a verlo muchas veces, nunca hablamos de cosas íntimas, pero sentí todas las cosas que no decía y el peso de lo que no decía.

Ese encuentro me trajo recuerdos de cuando era niña, muchos matrimonios que había visto de lejos donde se decía que había situaciones que no eran lo que aparentaban, personas que se habían casado por obligación para mantener una fachada frente a la sociedad.

También quería hablar de la tradición. Hay cosas en la tradición que admiro muchísimo. Creo que hay muchas cosas que hay que proteger, que forman parte de nuestro ADN. Una de esas tradiciones es la de la costura a mano del caftán, la estamos perdiendo. Hoy se encuentran muy pocas personas que saben todavía hacerlo.

P.- ¿Cuál es la situación de los homosexuales en Marruecos?

R.- No es fácil vivir la homosexualidad abiertamente, así que muchas cosas se hacen de manera oculta. Para mi la película habla sobre todo de amor, del amor en todas sus facetas. Es un amor que no quiere ser definido, que busca cierta libertad. Porque lo más bonito es tener la libertad de querer a quien uno quiere y de la manera que quiere. Halid, Mina y Youssef son tres seres que aprenden a trascender muchas cosas gracias al amor, que redefinen el amor.

P.- ¿Se ven avances en Marruecos para la comunidad LGTBI?

R.- No es fácil la situación para muchas personas, pero en estos últimos años han avanzado bastante las cosas, en los medios hay presencia de la comunicad LGTBI que no había antes. Estamos avanzando hacia una apertura, hacia un cambio.

La película ha sido seleccionada por una comisión independiente y eso, simbólicamente, quiere decir mucho, porque habla de una temática muy sensible todavía. Demuestra que hay un deseo de cambio que se está produciendo. Y el Centro Cinematográfico Marroquí (CCM, dependiente del Ministerio de Cultura) la ha financiado, tras haber leído y estudiado el guión, que hablaba claramente de esa temática. El CCM ha apoyado la película desde el principio y no ha habido que cambiar nada.

P.- Los papeles de Nabil y Youssef están representados por dos actores árabes, Saleh Bakri (palestino) y Ayoub Missioui (marroquí). ¿Corren riesgo al reproche social?

R.- Los dos actores son conscientes, porque hablamos mucho de esto antes de trabajar juntos, de lo que puede representar interpretar un papel así en el mundo árabe, que no es algo neutro. Puede haber mucha oposición, pero creo ante todo en el poder del arte y en la pasión, y Ayoub y Saleh son dos actores apasionados, que creen en los personajes que interpretan y quieren defenderlos.

P.- En su primera película habla de problema de las madres solteras en Marruecos y ahora de la homosexualidad, ¿cree que los cineastas tienen una cierta responsabilidad hacia los problemas sociales?

R.- No creo que tengan una responsabilidad, creo que tienen que poder hablar sobre temáticas que provocan algo en ellos. Cuando escribo un guión no pienso en una temática, sino en personajes, en un sentimiento, en una emoción. Un cineasta no tiene que tener una responsabilidad, sino un deseo de contar una historia, que tiene que ser sincero.

P.- La suya es la única película africana preseleccionada, ¿qué hace falta para empujar la industria del cine en África y el Magreb?

R.- Es difícil saber eso, pero hay un potencial enorme, hay muchísimo talento y hay muchas películas que son fuertes y llegan a festivales. El cine árabe, magrebí y africano existe, cada vez más a escala internacional. Todos los ingredientes necesarios están allí y estamos llegando a ello. EFE

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