Tu mamá tenía razón: sí debes comer todos tus vegetales

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Foto: Pixabay

Hola, hola a todos…soy yo de nuevo y esta semana les quiero compartir esta bonita reflexión sobre nutrición: en efecto, mi madre tenía razón cuando me daba dos, tres zapes por no comer todos los vegetales que ponía en mi plato y no lo entendí mucho hasta cumplir tres décadas en este mundo.

¿Cómo fue que lo entendí? Experimentando con el veganismo. Y probablemente leíste este termino y estás a dos segundos de salir de esta página, pero espera, no lo hagas porque no vengo aquí a predicarte nada ni a intentar persuadirte de cambiar radicalmente tu alimentación, solamente quiero compartir contigo lo que yo viví y chance, logras identificarte con algunas experiencias y esta lectura te sirve de algo. Si sigues aquí te cuento que mis caminos por el mundo vegano comenzaron por mera curiosidad ya que yo era el típico que decía “qué flojera la comida vegana, seguro es puro pasto y no sabe a nada” hasta que un día me di cuenta de que nunca había probado nada similar y solamente estaba predispuesto por lo que hasta ese entonces había vivido y conocido.

Entonces, a mis 28 años y con un 2020 por iniciar, me di a la tarea de investigar cómo hacer el switch de una dieta omnívora (ahora sé que así se llama, yo le decía “normal”) a una dieta basada en plantas. Como buen sabihondo del internet, me puse a ver videos, leer artículos y hasta vi el documental famoso de Netflix (Game Changers, véanlo 100% recomendado). También tuve ayuda profesional por parte de mi amiga Adri, que es nutrióloga, y me ayudo con guías y consejos sobre cómo evitar morir en el intento, literalmente. Armado con toda esa sabiduría cambié mi manera de comer por un año completo y los resultados sí me impresionaron: comencé a tener muchísima más energía, sufría antes de barritos y ahora mi piel comenzó a limpiarse, empecé a perder peso sin sufrir de hambre y mi estomago en general se sentía más “calmado”, además de que cuando hacía ejercicio podía hacer más, durante más tiempo y mi recuperación era más rápida.

Además de todos estos efectos secundarios que me pusieron muy feliz, la verdad es que la pasé re bien comiendo nuevas cosas, conociendo nuevos sabores y haciendo “wooow” cada que descubría que un platillo que no tenía nada animal sabía igual de rico que uno que sí (esto no es broma, en serio). Ahora, todo esto suena color de rosa pero la verdad es que un estilo de vida así, se vuelve complicado en el día a día pues no siempre hay tantas opciones o por ver a tus amigos comer “normal” se te antoja y sientes que te estás perdiendo de algo (ósea sientes FOMO de la carnita); por lo que un año después decidí solamente llevarlo de lunes a viernes y si el fin de semana algo se me antojaba o se me cruzaba, pues lo comería sin mayor remordimiento.

Aquí es donde creo que todos podemos adaptarnos pues si le bajamos a la carnita 5 días a la semana, estamos consumiendo 70% menos de lo que hoy hacemos. Platicando con Adri, me cuenta que incluso podemos empezar quitando proteína animal de nuestra dieta un día a la semana (típico meatless Monday) o si ya queremos avanzar más podemos hacer una de nuestras comidas diarias 100% basada en plantas.

Ella me dice que todo lo que viví después de un año fue gracias a comer más plantitas y vegetales, pues consumir diario proteína animal acidifica nuestro cuerpo (afecta PH) y un cuerpo ácido es un cuerpo inflamado lo que nos puede llevar a escenarios no tan positivos. La inflamación que ella me explica no solo es la famosa estomacal, que todos sufrimos algún día, sino una que afecta nuestras células y es ahí cuando manifestamos síntomas como alergias, migrañas, colitis, estreñimiento y demás. Aparte, me contó que el 70% de nuestro sistema inmunológico está en nuestro intestino, por lo que mientras más sanos estemos de esa parte, más fuerte estaremos contra cualquier amenaza allá afuera (covicho te estoy mirando a ti).

Adri dice que la proteína vegetal es igual de efectiva que la animal, el único “truco” es que al consumirla debemos combinarla con algún carbohidrato, de preferencia uno de buena calidad como arroz, papa, quinoa, avena, tortilla, camote y otros más. Son como un dúo dinámico que si van juntos tendrás excelentes resultados no solo en la barriga sino en todo tu cuerpo

Y chequen esto ¿son los típicos que después de comer se están durmiendo en la sobremesa, oficina, junta u otro lugar donde no es aceptable hacerlo públicamente? Bueno, eso pasa porque el cuerpo usa mucha energía en digerir proteínas animales lo cual no sucede con aquellas que vienen de vegetales. Así que, si el mal del puerco los aqueja, prueben echarse una que otra comida con plantitas y van a ver que este síndrome se alejará de sus vidas.

La verdad es que pienso que una alimentación más sana nos puede ayudar en todos los aspectos de nuestra vida y pequeños cambios son los que hacen gran diferencia, así que deja de hacerle cara de fuchi a los vegetales, búscate una receta nueva y prueba una comida diferente. Te juro no te vas a arrepentir.

Adriana Violante es nutrióloga funcional y la encuentras en Instagram como @nutricion.adriviolante. Si tienes dudas puedes correr a preguntarle y ella te iluminará con su conocimiento.

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