Tú, él y elle..

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Fotografía: Pixabay

La RAE, la Real Academia Española, se echó para atrás el año pasado. Había incluido el término en su Observatorio de Palabras, pero a los días siguientes, lo retiró.

Estoy hablando del nacimiento de un nuevo lenguaje que cada día da más a luz la sed de los que lo quieren utilizar. La palabra es “elle” pero eso es la punta del iceberg.

Recientemente vimos una escena que se hizo viral en las redes del mundo. En plena clase (virtual, de las que se hacen por plataformas como Zoom debido a la pandemia), una estudiante en México explota en grito y llanto porque se sintió ofendida. Uno de los condiscípulos se refirió a ella como “compañera”. “No soy tu compañera, soy tu compañerE” (sic) -le respondió con sollozos.

Para entender esta situación hay que tener en cuenta dos términos: binario y no binario.El primero se refiere a que solo hay dos géneros, masculino y femenino. El segundo, el no binario, es para aquella persona que no se identifica con los dos géneros y apela a algo más, bautizándolo también como lenguaje inclusivo.

Es decir, no soy él ni ella sino “elle”. El asunto es que este movimiento cada vez toma más fuerza.

Su meta es que más allá de la RAE, jurídicamente haya reconocimiento: que en identificaciones oficiales, pasaportes, licencia de manejo, formatos, etc., haya una casilla nueva que no sea ni “H”, ni “M”, ni “M” ni “F”, ni masculino ni femenino, para que ahí definan su género, representado para unos como “elle” (y las terminaciones de la palabra en “e”: “licenciade”, “arquitecte”, “compañere”) y para otros como “x” “@“, o cualquier símbolo con el que se sientan identificados.

Entre los que defienden este lenguaje inclusivo hay muchos integrantes de la comunidad lésbicogay, los transgéneros, transexuales, los defensores de la igualdad de géneros, etc.

El asunto se complica entre detractores y defensores de la propuesta. Grosso modo unos dicen que usted no se puede autodefinir porque ya está preestablecido todo para la convivencia, gramatical y legal. Y los otros, exigen el derecho a autodefinirse como ellos quieran.

En España, hace tres meses, incluso llegó hasta el Congreso una propuesta de ley para modificar los indicadores de género y reconocer el derecho de las personas a autodeterminar el suyo propio. Los diputados votaron 78 a favor, 143 en contra y 120 abstenciones. Quizá para la próxima.

Pero la presión sigue creciendo tanto, que hace unos días, la RAE contestó así a la pregunta de si está bien usar “elle” para las personas que se sienten no binarias: “Le recomendamos que pregunte a dicha persona cómo desea ser tratada”.

Dicho todo esto aquí viene entonces nuestra tarea, cuestionar ¿Por qué está sucediendo esto…? ¿Por qué este fenómeno hoy…? ¿Quién gana y quién pierde…? ¿Se trata de ganar derechos…?

No se pierda la segunda entrega de esta columna para la próxima semana. Y por favor, con mucho respeto, no se vaya a enojar y me vaya a mandar al demoniE o diablE o sepa Dios a dónde. Nos vemos.

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