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The Weeknd apunta al cielo de Madrid con un espectáculo apabullante desde el infierno

Convertido en el artista más escuchado en Spotify en todo el mundo, para completar su ascenso entre los más grandes a The Weeknd solo le faltaba una gran gira que le permitiese efectivamente mirar a los cielos, algo que ha demostrado en Madrid desde un espectacular infierno terrenal.

Nunca antes esta estrella global de la música había actuado en España fuera del formato de festival con todo su montaje de producción (formó parte del cartel de Primavera Sound en los años 2012 y 2017) y nunca antes tampoco había pisado su capital para mostrar su música en directo.

Lo ha hecho hoy a lo grande, ante un aforo bien nutrido (la organización no ha facilitado la cifra exacta) en el Estadio Metropolitano de la capital y en la primera de las dos paradas en este país de su gira “After Hours Til Dawn” que el jueves lo llevará al Estadi Olímpic Lluis Companys de Barcelona.

Raramente el apocalipsis fue tan espectacular como en el escenario concebido para la ocasión, con toda una ciudad en ruinas recreada a partir de edificios emblemáticos, una gigantesca robot en su núcleo como una amenazante vigía y una luna espectral al otro extremo entre llamaradas, un apabullante juego de luces y casi una treintena de bailarinas embozadas en una especie de burka blanco.

Generoso también en temas y en duración, más de una treintena a lo largo de cerca de dos horas, su concierto se ha prodigado por lo más granado de toda su carrera desde sus “mixtapes” de 2011 hasta sus dos últimos álbumes, “Dawn FM” (2022) y el aún más exitoso “After Hours” (2020), que puso música a buena parte de la pandemia, especialmente “Blinding Lights”, el tema más radiado en España en el año de su lanzamiento.

A este primer concierto en Madrid solo le ha fallado lo que suele lastrar casi cada uno de los “shows” musicales que se celebran en el Metropolitano: su sonido, emborronado y más robótico de lo pretendido, lo que ha hecho imposible disfrutar de la voz nítida y profusa en agudos de The Weeknd.

A Abel Tesfaye (Toronto, 1990), nombre real de este artista canadiense que en breve se deshará de su actual pseudónimo artístico para iniciar una nueva etapa en su carrera, tampoco se le han pasado por alto los insufribles 37 grados de temperatura dentro del estadio.

“¡Hace mucho calor aquí!”, ha exclamado enfundado en un grueso chaleco y tras una máscara metálica que ha mantenido durante la primera mitad del concierto.

En ese tramo, entre el fragor de sus seguidores, no ha tardado en lanzar algunos de sus grandes éxitos, como “Take My Breath” o “Can’t Feel My Face”, arropado por músicos estratégicamente situados (y casi camuflados) entre las azoteas de los edificios en ruinas de su decorado.

Entre todo ese efectismo, ampliado a las gradas gracias a las pulseras que se ha entregado a los asistentes, se ha caído en cierta monotonía por momentos y se ha extrañado algo más de cercanía o de conexión ante un escenario mastodóntico en el que era fácil perder a su protagonista, con la distancia que creaba su máscara y con solo dos pantallas muy laterales sin una realización a la altura.

Esas posibles carencias han quedado eclipsadas no obstante ante números como “Starboy”, capaz de embotar todos los sentidos (los aplausos posteriores así lo han constatado), y más tarde, ya con el rostro al descubierto (algo que el público ha celebrado incluso más), con uno de los clímax de la noche con “After hours”, “Out of Time”, “I Feel it Coming” y “Die For You”, engarzados con un sonido más claro.

“¡Es mi primera vez en Madrid pero os puedo asegurar que no será la última!”, ha prometido entre el furor de sus admiradores y bajo la gigantesca luna decorativa que no ha jugado más papel que restarle visibilidad a una parte de los asistentes.

En el tramo final la dinámica del “show” ha vuelto a caer en cierta linealidad hasta que han llegado los grandes “hits”, de “Save your tears” a una vistosa “Less Than Zero” y una esperadísima “Blinding Lights”, lo que ha dejado los bises posteriores huérfanos de un rompepistas para acabar bien arriba, entre la reciente “Popular” (de su serie “The Idol”) o “Moth To The Flame”. EFE

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