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Sillas de ruedas

La silla de ruedas se utiliza para trasladar a personas con problemas para caminar, pero lo han convertido en un mecanismo mañoso para lograr preferencias.

En el caso de los aeropuertos, es verdaderamente desagradable cómo se abusa de este medio para obtener una mejor atención migratoria y, por supuesto para el acceso a los aviones, sin que se les exija lo más elemental, como lo es un certificado médico oficial que garantice y dé certidumbre que una persona no puede caminar, pero sin duda la “flojera” del personal de las líneas aéreas, prefiere el simplismo de otorgar sin mayor cuidado un servicio que debe ser exclusivo para personas sin posibilidades de trasladarse.

La situación provoca molestia cuando uno se da cuenta de que alguien capaz de caminar utilizó la silla de ruedas para beneficiarse, no sólo a él, sino a los familiares que le acompañan.

Esta práctica se observa no solo en aeropuertos mexicanos, sino de todo el mundo, puesto que insistimos, basta que un pasajero diga que requiere silla de ruedas para que se le proporcione sin el menor recato.

Hacerse pasar como una persona de capacidades limitadas con dificultades para desplazarse, es solo muestra de la ausencia de civismo que vivimos y confirmar el manejo cotidiano que ha recibido la denominación de “agandallar”.

Este tema se une a otros hechos que no solo se presentan en la aviación, sino en diversidad de actividades de la vida diaria, donde el famoso “volantazo” muestra también la actitud agresiva y nada respetable de que, en los vehículos que está haciendo fila para entrar a una zona, por ejemplo, a Viaducto o Periférico, donde hay un solo carril, pero no falta el gandalla que se mete, ni la víctima que muere de coraje, ante lo cual, la ausencia de la autoridad es evidente.

El “gandallismo” se ha convertido en una forma cotidiana que ha hecho famosa la frase “el que no transa no avanza…”. En síntesis, quien no es gandalla, pasa momentos desagradables que implican sentirse impotente ante la arbitrariedad.

En buena medida estas conductas antisociales, repetimos, son consecuencia de la falta de civismo, asignatura que lamentablemente se suspendió desde la época del “gringuito” presidente Ernesto Zedillo. Es importante retomar principios educativos por los cuales nos manejemos con la verdad y la decencia.

La verdad para no utilizar nunca un servicio como el de la silla de ruedas, sin necesitarlo, y que obligadamente debe estar reservado de manera exclusiva para los lisiados y en el otro tema, es imprescindible crear conciencia del respeto que merece el conciudadano, no podemos “brincarnos la fila”, ni pretender siempre ser el primero por encima del respeto que nos merece quien tiene ya tiempo formado para recibir un beneficio o hacer ejercicio de un derecho.

Por supuesto entendemos que muchas veces a pesar de la educación no será fácil que nos conduzcamos de la mejor manera, pero es aquí donde aparece el aspecto de las sanciones. Nótese, si en un momento dado un sujeto en el área de tránsito abusa, se debe hacer acreedor a una sanción económica o hasta prohibirle manejar vehículos, esto sería muy acertado.

En el anterior renglón encontrarnos algunas limitantes que es necesario superar. En ocasiones, las sanciones por problemas viales son ridículas, nada disuasivas, esto es, no se logra evitar que las personas cometan ilícitos, a esto le sumamos la falta de policía y buen gobierno.

En algún momento fue señalado que las multas deben impedirse, en el sentido de que sean elevadas, pero multas moderadas o irrelevantes resultan por demás absurdas. Así, por ejemplo, sería muy sano infraccionar al sujeto que pide una silla de ruedas sin tener necesidad y en el mismo caso automovilistas perniciosos.

Los mencionados son temas que reclaman un análisis sereno para mejorar el ambiente social que hoy por hoy está carente de la mínima solidaridad. Nuestro comportamiento resulta en ocasiones selvático, destructivo y, como consecuencia, se crean ambientes invivibles.

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