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Ser una mejor persona

Todo lo que no curre te puede estar salvando de algo En ocasiones hemos creído que podemos cambiar a alguien y la vida nos ha enseñado que, cuando mucho, podemos cambiarnos a nosotros mismos

La pregunta es ¿por qué no podemos lograr que otra persona cambie? Me vienen a la mente muchas respuestas, algunas más probables que otras, al menos eso creo. Puede ser que la otra persona no necesite modificar lo que a nosotros nos molesta, o bien no quiere hacerlo. También, puede ser que esa persona sí quiere cambiar algunas acciones, pero no sabe cómo hacerlo y tampoco sabe pedir ayuda para lograrlo. Otra razón más es que quizá está cómodo, así como es, ya que obtiene ganancias secundarias que nosotros no sabemos, podría ser también que tiene miedo, que no cuenta con las herramientas para hacerlo o le da temor puesto que lo ha intentado ya y los resultados no han sido buenos.

Si atiendo a lo que la filosofía me ha enseñado a lo largo de mi vida, recurriría hoy a las teorías humanistas en las que nos enseñan que, en lugar de intentar que el otro cambie, debemos poner manos a la obra para conseguir que nosotros mismos cambiemos.

Pero ¿hay algo en mí que debo modificar? En un principio diría que no, pero haciendo una introspección profunda concluiría que: una parte de mí va conmigo a todas partes, ese es el carácter que se formó en mis primeros años de vida y como dice el dicho “genio y figura hasta la sepultura”. Sin embargo, la forma como voy adaptándome a la vida con ese carácter, eso sí depende totalmente de mí.

Volvamos a la pregunta ¿que quisiera o debería cambiar en mí? La respuesta que hoy encuentro es muy sencilla, sin embargo, es muy difícil de lograr. Cambiar en mí todo aquello que me daña y que a la vez lastima a los demás.

De manera particular, a mí me gustaría aprender a poner límites sanos, no a la otra persona, sino a mi misma. Me encantaría ayudar a otros sin sentir qué tienen que hacer lo que yo considero que es mejor. Me encantaría escuchar más lo que otros piensan de mí, no para seguir sus opiniones, sino como una lluvia de ideas que me orientarían mejor a tomar decisiones o a modificar mis acciones.

Quiero, como Sócrates advirtió, hacer exámenes de conciencia todos los días y conociéndome cada vez más, actuar en consecuencia con ese saber que la conciencia me da.

Definitivamente no quiero dejar pasar más el tiempo de mi vida sin pulir mi ser y así llegar a una apertura de conciencia que pueda dar más luz a mi existencia.

“Una persona arrogante se considera perfecta. Este es el principal daño de la arrogancia. Interfiere con la tarea principal de una persona en la vida: convertirse en una mejor persona” León Tolstoi

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