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Se desintegró la oposición

EFE/Casa de Campaña de Claudia Sheinbaum
EFE/Casa de Campaña de Claudia Sheinbaum

Hoy, la oposición se sujeta de un madero en altamar, después de haber naufragado, y creen que entregaron un cheque en blanco a los hoy victoriosos morenistas.

Muchos dicen que fue por el exceso de programas sociales realmente creados por el presidente López Obrador, pero olvidan que fueron décadas de inmensa corrupción y de haber procreado billonarios inmensamente ricos por concesiones fabulosas de minas, contratos y demás… y ahí no decían nada.

Fueron contratos de licitaciones a modo y de perseguir a la verdadera oposición, que era de luchadores por un México más justo, entre ellos, el ahora presidente López Obrador, Claudia Sheinbaum y muchos más en la lista.

Pasó lo que tenía que pasar: ganó el movimiento del presidente López Obrador, luchador de pueblo en pueblo, viviendo codo con codo la desigualdad y carencias del pueblo de México. La misma oposición de ese momento, hizo el campo fértil para vivir lo que hoy vive nuestra nación.

La gran hazaña del mandatario actual es haber roto esa barrera casi imposible de derribar y, hoy, 6 años después, dejar como velocista en relevos a una persona que continúe su propio legado.

El ego le jugó a la oposición una mala pasada, pensando que jamás perderían ese asiento en la historia de poder.

Los deseos crípticos de aquella oposición fue apostarle a la debacle de un país como México, nación que ha sufrido desde la Colonia innumerables batallas, y no dejando de lado las mismas contiendas internas, como aquella revolución tan sangrienta que vivió a principios del siglo pasado.

Hoy, el partido en el poder deberá demostrar que puede manejar sus propios demonios, sus más perversos intereses que se manifiestan al interior de su instituto político, que por un lado están los que solo aplauden y otros que quieren cotos de poder.

Al ser un partido en el poder se enfrentan –y lo seguirán haciendo– a muchos desafíos y traiciones internas. Hoy el enemigo más fuerte está en casa.

Actualmente la izquierda mexicana no es un espectro en el poder, donde solo quiere igualdad social. Debe ser consistente al desarrollo para producir y de ahí tener una relación razonada con los empresarios, mismos que deben entender las nuevas reglas del juego.

Una socialdemocracia hecha en México, para México, con México dejando atrás los malos ejemplos y errores que se cometieron en otros movimientos de transición, como el de Francia.

Decía el filósofo, poeta y escritor italiano Tommaso Campanella en su obra “La ciudad del Sol”, escrita en 1602, que en el humanismo utópico no hay sociedades ideales, pero sí puede reinventarse un nuevo género de igualdad social con crecimiento absoluto.

Así, acorde a la evolución global que el mundo está viviendo, tan interconectado y hoy tan frágil, el mayor activo de México son sus habitantes, su situación geográfica y sus recursos naturales, que piden a gritos ser regulados.

El presidente López Obrador –que seguro será estudiado en muchas organizaciones políticas mundiales y universidades–, entendió que el factor primordial básico para comenzar este movimiento, hoy de todos los mexicanos, es combatir el hambre y sembrar las bases de una mejor armonía social.

El reto de la presidenta electa Claudia Sheinbaum es conjugar con profundidad y sencillez la igualdad social, que es trasparente y accesible para todos, diría el gran maestro Erich Fromm.

El famoso psicoanalista y psicólogo social anotó que “el hombre moderno vive bajo la ilusión de que sabe ‘lo que quiere’, cuando en realidad quiere lo que se supone que debe querer”.

Para el también filósofo, “una persona ama solo a otra persona y es indiferente al resto de sus semejantes, su amor no es amor, sino un apego simbiótico, o un ego agrandado…”.

Vaya dureza del maestro Fromm, pero algo de sabiduría engarza con la realidad actual del mundo.

¿Qué sigue por ver? Mucho, diría yo. Lo mejor está por venir, no solo quitando los enormes retos de abolir la corrupción en todos los rubros, sino también sembrar el campo fértil para que exista menos violencia e ir de la mano de la razón para rehacer y mejorar las asignaturas pendientes, hoy urgentes de resolver.

También es apremiante más acción y menos politiquería a la hoy endeble y nula oposición, que debe sumarse, aportando también soluciones.

Vaya, en todos los sectores hay gente capaz y brillante, y uniendo esa capacidad se logrará un México más justo y triunfador.

Seguramente el gabinete entrante será responsable de recibir las cuentas de esta administración, también lo dice la historia política reciente, pero no serán todos los integrantes de su equipo que comiencen con la mandataria los que necesariamente acaben el sexenio con ella, y Claudia Sheinbaum irá madurando y creciendo como mandataria.

El tiempo nos lo dirá. México escuchó el enfado del pueblo aun latiendo en sus corazones.

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