Salud mental y autocuidado

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Por María Zambrano

@mariazrocha

“Luego somos buenxs para cuidar a todxs menos a nosotrxs mismxs.” Esta frase me la dijo una maestra. Definitivamente no sé si soy buena para cuidar a todxs, lo que sí sé es que soy la peor cuidándome a mí misma. En cualquier momento pondría el bienestar de las personas cercanas a mí antes del mío. Situación tras situación siempre termino poniéndome a mí al último. Me es más importante sacar el trabajo, el proyecto, la colaboración, el servicio social, el lo que sea que no sea voltearme a ver y decidir cuidarme. Mientras mis necesidades básicas estén cubiertas me siento satisfecha, y mis labores de cuidado van por encima de todo lo demás, incluyendo mi salud mental.

Cuando mi estado de ánimo empieza a decaer, como me pasa más de lo que me gustaría admitir, intento buscar todas las excusas y esconderme detrás de todas las otras emociones que llego a sentir para no tener que afrontarlo. Creo que gran parte de eso viene de no querer ser ese estereotipo de la mujer histérica y emocional. Siento que admitir que estoy mal es sucumbir a esa idea y darle la razón a toda la gente que ya te pone una traba por sentir. “No deberíamos darle lugar a mujeres porque son demasiado sensibles” resuena en mi cabeza y me recuerda que no tengo que mostrar ninguna debilidad.

Aunque piense todas estas cosas sé que eso no es lo que proyectó al resto del mundo. Sé que se empieza a notar que no estoy bien porque me es prácticamente imposible esconderlo y aunque ponga todas esas actividades enfrente de mi salud mental, mi desempeño en todas decae. Entonces, para resumir, me siento mal y me siento mal por sentirme mal y decido no aceptar estos sentimientos para seguir trabajando y mi trabajo se ve afectado por no cuidarme. Pierdo en todo.

Todo el tiempo busco separar las cargas sociales que acompañan el cuidado de la salud mental de mí. Busco que no me ahoguen y que no me hundan. Claramente no tengo solución todavía. Sé que tengo que encontrar la forma de salir a flote y poder respirar, pero entre terapeutas sin perspectiva de género que te juzgan y malinterpretan, y un mundo sofocante que no nos deja ser, me está costando encontrar ese lugar. A pesar de todo, tengo la certeza de que con la red de apoyo que tengo, las morras increíbles que entienden mi situación, puedo salir adelante y entender que poner mi salud primero no es cuestión de histeria ni de descuido de los demás, es un acto de amor propio que necesito para sentirme bien.

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