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Procuraduría de Brasil insiste en evitar hundimiento de portaaviones “tóxico”

La Procuraduría brasileña presentó este jueves un nuevo recurso ante la Justicia para impedir que la Marina hunda el portaaviones Sao Paulo, que desde hace cinco meses, tras ser vendido como chatarra, navega sin rumbo, ya que ningún puerto lo acepta por los materiales tóxicos que hay en su casco.

La Marina anunció el miércoles que hundirá el portaaviones en aguas territoriales brasileñas en el océano Atlántico, a unos 350 kilómetros de la costa, debido a que es “inevitable” que se hunda de forma espontánea dado que el casco está dañado y presenta problemas de flotabilidad.

El Ministerio Público Federal ya había presentado el martes un recurso similar para impedir el hundimiento que fue rechazado por un juzgado de primera instancia, por lo que decidió recurrir ante el Tribunal Regional Federal de la Quinta Región, de segunda instancia.

El organismo solicita que el tribunal revoque la decisión del juez de primera instancia y que ordene a la Marina suspender inmediatamente cualquier acción destinada al hundimiento del que fuera el mayor navío militar de Brasil sin estudios que comprueben que no provocará riesgos ambientales o a la salud pública.

“La chatarra de la embarcación contiene 9,6 toneladas de amianto, una sustancia con potencial tóxico y cancerígeno, así como 644 toneladas de tintas y otros materiales peligrosos”.

alega la Procuraduría en un comunicado.

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Agrega que el juez de primera instancia en ningún momento analizó si el hundimiento de una estructura con esa gran cantidad de amianto puede provocar daños ambientales o a la salud pública.

La Marina asegura que la empresa que adquirió el Sao Paulo hace cinco meses para desmontarlo y reciclar sus materiales no adoptó las medidas necesarias para obtener la autorización para remolcarlo a puerto y poder reparar los graves daños que amenazan su capacidad de permanecer a flote.

El periplo del antiguo buque de guerra, que sirvió a la Marina francesa con el nombre de “Foch”, comenzó en agosto, cuando fue vendido por 2 millones de dólares a un astillero turco especializado en el desguace de embarcaciones.

El navío nunca llegó a su destino debido a que las autoridades de Turquía prohibieron su entrada, por lo que tuvo que dar vuelta poco antes de llegar al estrecho de Gibraltar.

Desde entonces, el segundo y último portaaviones de la flota de la Marina de Brasil vaga por el Atlántico, ante la negativa de los puertos, incluso los brasileños, de recibirlo.

Construido en Francia en 1963, el portaaviones tiene 266 metros de eslora, capacidad para albergar 1.300 tripulantes y transportar 30 cazabombarderos.

El buque sirvió a Francia durante 37 años, tiempo en el que fue usado en la guerra civil del Líbano, la guerra del Golfo y otros conflictos en Europa, África y Oriente Medio.

La Marina brasileña lo compró en 2001 por 12 millones de dólares, pero lo desactivó en 2017 porque estuvo más tiempo en puerto que en alta mar.

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