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Pobres fiscalías

Un conflicto vergonzante se presenta entre la Fiscalía General de Justicia de la CDMX y la Fiscalía General de Morelos. La primera se dio “el lujo” de aprehender, consignar e iniciar procesos contra el fiscal del estado vecino y ahora ha sido trasladado a la prisión de máxima seguridad del Altiplano, en Almoloya; los delitos que se le imputan “son de risa”, pero lo cierto es que una vez más en este país, la “justicia” se usa para satisfacer venganzas, caprichos, actos de corrupción y no se diga consignas.

No se trata de defender al fiscal morelense, ignoramos su comportamiento, mucho menos si es decente, lo cual es raro en el mundo punitivo, donde bien sabemos, reina la podredumbre.

No obstante, es verdad que este personaje fue designado por un Poder Legislativo y, les guste o no, se ha violentado la autonomía y soberanía de Morelos; la Guardia Nacional, de carácter Federal, sirvió de comparsa para detenerlo en su domicilio, en Cuernavaca, y cual criminal, en principio lo trajeron custodiado a la capital para “guardarlo” en un reclusorio; pasaron cuatro semanas para concederle el amparo que ya en sí lo tenía, algo que debió hacerse en horas, pero esa es la magia del Derecho al servicio de “mentecatos” y un “juececillo” de consigna vuelve a dictar orden de aprehensión; de esta manera se le recluyó nuevamente, por el delito de obstrucción de la justicia, “pero de la justicia del mandamás”, dando por resultado la demostración más clara de que en México para nada han cambiado las cosas, todo sigue igual.

Lo cierto es que, en Morelos, inexplicablemente está siendo gobernado “con las patas” de un sujeto que no nació en esa entidad.

Esto es un decir, en realidad, el estado de Zapata mantiene un desorden gubernamental, donde el nepotismo, las picardías y todas las antiguas prácticas siguen en su apogeo y así, el futbolista convertido a político, no es capaz de hilar una frase en la que no tenga faltas de ortografía, incluso aseguran que cuando escribe “cajón”, lo hace con “g”. Todo parece indicar que el fiscal designado por una legislatura local le estorba y es por eso que busca uno complaciente que garantice sus fechorías.

Mientras tanto, las autoridades de la CDMX desempeñan un papel muy triste, alegan actuar en consecuencia a que se ocultó un feminicidio, el cual ya fue motivo de conocimiento y acción de las propias autoridades citadinas.

Seguramente el camino correcto era actuar contra el fiscal morelense por sus graves e ilícitas actuaciones, pero jamás asistir al acto de barbarie judicial en el que se ha incurrido, dónde la Fiscalía capitalina ha mostrado no solo incapacidad, sino lo peor, actuar a capricho, cumpliendo una orden vergonzante.

Los jueces del antiguo Distrito Federal, salvo excepciones, siguen siendo los “pillos” de siempre y se sabe que, al cumplir una orden, como en el caso concreto, se les da la oportunidad de vender sentencias sin moderación. Insistimos, en México nada ha cambiado, no podemos decir que hoy se está mejor que antes, ya que, de siempre mantenemos el retraso infectado por la rampante corrupción.

La Fiscalía de la CDMX se encuentra totalmente fuera de lugar, por momentos ha evidenciado su ineptitud; está manejada por personajes al margen del Derecho y si en cambio, a favor del cínico “mercadeo”, para favorecer al mejor postor. Por lo que hace al Estado de Morelos, también, pobre fiscalía, le han faltado agallas para actuar contra malandrines que no están exentos, cuando ya no sean serviles, de que se les “inventen” delitos y de esta manera se cumpliría el mandato del “toma y daca”.

Algún día en México deberá entenderse que el Derecho no puede, ni debe ser usado para fines políticos y menos para atender consignas, donde la corrupción alcance majestuosidad.

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