Pedofilia y la Iglesia… con Daniel Estulin

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Fotografía: Pixabay

En este video, Daniel Estulin nos comparte su interpretación del juicio que emite o no la Iglesia católica hacia los sacerdotes pederastas. Comenzando con el uso de la palabras, las que utilizamos para etiquetar, para ayudarnos a comprender el mundo que nos rodea, al mismo tiempo muchas de esas palabras son como lentes borrosas, nos hacen percibir mal y por consiguiente juzgar mal el objeto que contemplamos. Los seres humanos tienen la propensión casi incurable de prejuzgar todas las grandes cuestiones que les interesan a base de estampar sus perjuicios en su lenguaje.

También tenemos el destino, lo que Estulin define como un drama espiritual,  ya que cumplir con este destino es una mera cuestión de de sucumbir ante un espacio o una especie de causalidad inexorable, y si fuera así no existiera el pecado. Un destino puede ser quebrado o denegado, y por eso no es una predestinación.

De acuerdo a la palabra, destino implica una necesidad del espíritu, la llamada al destino tiene una finalidad algo peculiar, la síntesis de la libertad humana y la necesidad divina por poder expresarse de la siguiente forma: nuestras tentaciones deben de ser controladas, y nuestros impulsos secularizados.

El hermetismo de la Iglesia tiene muchas explicaciones, una de esas la cuestión de fe, durante siglos la Iglesia católica ha confiado en el espíritu santo para guiar la única, sagrada, católica y apostólica Iglesia. El origen de esa confianza es el pentecostes, en el cual, según los hechos de los apóstoles, después de la muerte de Cristo, el Espíritu Santo descendió sobre las cabezas de sus desconsolados seguidores en forma de alentadoras lenguas de fuego.

A lo largo de la historia este modelo de vínculo misterioso entre la Iglesia y el Espíritu Santo fortaleció a los cristianos, y con el tiempo esta jerarquía divina engendró una vena autoritaria. Muchos obispos dejaron de sentir obligación alguna de justificar sus decisiones ante el pueblo sobre asuntos que, al fin y al cabo, serían solo solventados con la ayuda del espíritu santo.

En otras palabras, si un pedófilo católico se acercara con sincera constricción al sacramento de confesión se le daría no solo la absolución, sino la bondad de gracia necesaria para vencer lo que le aflige al alma.

Pero, ¿Cómo puede la Iglesia salir indemne de la pedofília? Bueno, según Daniel Estulin es fácil, resulta ahora que las causas primarias van muchas más allá de lo social y económico, son psicológicas y como no hay alma que no haya padecido algún trauma psicológico se hace aún más difícil responsabilizar de algo a alguien de la Iglesia.

En lugar de mostrar constricción genuina, los que a veces encubrieron el abuso sexual asumieron el papel de una consumada víctima mediática y junto a sus loables cualidades, su inteligencia, su espiritualismo, estas personas poseen también otra cualidad que es muy de nuestro tiempo, apenas tienen vergüenza.

Entraron en la casa de Dios, sedujeron o forzaron a nuestros hijos, luego hicieron lo que las últimas investigaciones nos han enseñado que hacen todos los pedófilos, negarlo todo y no acordarse de nada, ni siquiera tener remordimiento por sus actos deshonrosos; que el Papa optaba por ignorar lo innegable por tanto tiempo, no parece concordar mucho con la labor católica de atender a todo el mundo que la Iglesia profesa seguir.

Además, para los que sueñan con una Iglesia más liberal debe resultar chocante el firme propósito del pontífice de desestimar los logros de la mayoría de los teólogos de la Iglesia en sus intentos por actualizar la doctrina moral católica.

Esta ambigüedad entre la palabra y el hecho, entre una moralidad piadosa y una realidad interesada revela la incapacidad de un catolicismo ensimismado, y desfasado para responder de manera eficaz al fenómeno de desangramiento de una religión por culpa de la soberbia y la prepotencia, una religión que tiene delante de sí la terrible amenaza de una revolución desde dentro que podría hacer saltar por los aires el viejo orden.

Para Daniel, hoy día hay muchos miembros del episcopado que no distinguen entre su poder temporal en su misión espiritual, tal es el nivel de corrupción de los valores espirituales que afrontan los católicos.

Se define al término «Chutzpah» como a una persona que asesina a sus padres y luego exige clemencia con la base de que ya es huérfano, es un chiste peligroso nuestra obsesión por el bienestar psíquico del culpable, nos deja filosóficamente indefensos ante el crimen.

Estulin concluye con el convencimiento de que mientras el papa y la jerarquía eclesiástica sigan atrapados en una estructura de engaño, mientras el culpable no sea mas que otra víctima, la justicia es imposible.

 

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