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Noches en vela, explosiones y escombros: Kiev bajo los drones y misiles rusos

Marcel Gascón

Rusia atacó Kiev con más de veinte drones kamikazes Shahed de fabricación iraní que fueron interceptados por las defensas antiaéreas ucranianas y provocaron destrozos al caer sobre varios edificios y numerosos vehículos.

Una mujer de 33 años murió y once personas resultaron heridas en el distrito de Holosiivskyi del sur de la capital, el más afectado por esta nueva oleada de ‘shaheds’, la tercera de las últimas 24 horas, que destruyó las dos últimas plantas de un bloque de 24 pisos y todos los coches que había aparcados frente al edificio.

“Fue horrible”, dice a EFE Nikita Kuzmin, un joven vecino del bloque parcialmente destruido que desde que empezó la guerra trabaja para el ejército ucraniano como voluntario arreglando vehículos.

Como muchos otros residentes en la zona, Kuzmin bajó, al oír las sirenas que anuncian la llegada inminente de drones kamikaze o misiles, a la estación de metro más cercana. “Había más gente que nunca y muchos trajeron mantas y durmieron allí”, explica mientras pasea a su perro.

Las capacidades auditivas del animal, más desarrolladas que las de los seres humanos, le permiten escuchar los misiles y los drones a una distancia mayor que su dueño, y el aullido nervioso del perro al identificar el proyectil le sirve a Kuzmin de advertencia de que vienen las explosiones.

UN ATAQUE CADA DOS NOCHES

Desde finales de abril Rusia ha intensificado la intensidad y la frecuencia de sus ataques sobre la capital de Ucrania. Sólo en el mes de mayo, las fuerzas rusas han disparado contra Kiev hasta 17 series distintas de drones o misiles, 15 de ellas entre la medianoche y el alba.

“Últimamente hemos pasado muchas noches sin dormir, pero la de ayer fue la peor por la fuerza de las explosiones, que fueron aquí al lado”, cuenta a EFE otra vecina de Holosiivskyi mientras descansa con su pastor alemán en un banco tras acercarse a ver los destrozos causados por los cascotes del dron en el bloque cercano.

Las consecuencias del ataque en el barrio son tema de conversación obligado para los vecinos durante la mañana del martes. “Hemos escuchado muchas explosiones, pero ninguna como la de anoche”, dice al salir de su portal una mujer más joven que tampoco quiere identificarse.

Las dos reconocen que anoche no bajaron al metro o a los refugios antiaéreos de los edificios cercanos. “Me quedé esperando a que pasara en la cama”, dice la mujer más joven pidiendo con una sonrisa comprensión por no seguir las recomendaciones de las autoridades.

VISITA DEL ALCALDE

A cientos de metros del banco en que las dos mujeres hablan con EFE, un grupo de funcionarios sentados bajo una carpa toman los datos de los vecinos del bloque parcialmente destruido por un dron.

Las autoridades necesitan la información para compensar a los afectados por los daños, pero también para documentar los crímenes de guerra rusos que el Gobierno de Kiev introduce en un registro para pedir que paguen en el futuro sus responsables.

En las calles adyacentes, cubiertas de fragmentos de las paredes y las ventanas rotas, curiosos y periodistas hacen fotos a las grúas que retiran los vehículos siniestrados. La llegada del alcalde de Kiev, Vitalii Klychko, provoca conmoción entre los medios, que se arremolinan a su alrededor para escucharlo.

El alcalde repitió el balance de daños y pidió a todos los ciudadanos que se tomen en serio una amenaza a la que muchos en la capital ucraniana parecen haberse acostumbrado.

“No ignoréis las señales de alarma y no salgáis a los balcones y a la calle para ver cómo hacen su trabajo las defensas antiaéreas. Anoche una mujer murió en su domicilio del distrito de Holosiivskyi al salir al balcón a ver cómo eran derribados los drones”, dijo el alcalde.

Ajenos a la expectación despertada por el alcalde, los vecinos afectados por la explosión seguían completando los trámites administrativos sentados bajo los toldos con los funcionarios. Cerca de ellos una joven sentada a la sombra contemplaba con expresión ausente la sucesión de ventanas rotas en la fachada de su edificio. EFE

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