Mujer mexicana: primera en caer

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EFE

Por Aranza G. Icaza García

A un año del inicio de la pandemia, las mujeres se mantienen como uno de los grupos más vulnerados en el ámbito laboral por las medidas de distanciamiento social y el cierre de los colegios en modalidad presencial. Solo en México, un aproximado de 2.1 millones de personas perdieron su trabajo en este último año, de las que 1.5 millones son mujeres.

Cuando a las condiciones de discriminación y desigualdad que ya deben enfrentar diariamente las mujeres en nuestro país se suma el ser migrantes, trabajadoras informales o padecer de escasez de recursos, los niveles de vulnerabilidad que experimentan aumentan de forma exponencial. De acuerdo con la Organización de Naciones Unidas, cuando una crisis estalla, las mujeres y niñas sufren más los efectos económicos.

Debido al sistema patriarcal, las mujeres ganan y ahorran menos, además de representar la mayor parte de los hogares monoparentales y poseer un vasto porcentaje de los puestos de trabajo más inseguros. Millones de mexicanas han visto en los últimos meses un incremento considerable en la carga de trabajo doméstico y de cuidados no remunerado, labores que suelen recaer en la mujer en un país machista en que muchos hombres se niegan a compartir responsabilidad en el cuidado del hogar.

Esto aunado, a su vez, a la fuerte carga que implica para miles de madres el sistema de educación a distancia. Un amplio porcentaje de mexicanas se enfrenta cotidianamente a la carencia de protecciones sociales y servicios sanitarios básicos, aspectos fundamentales al enfrentar una crisis sanitaria. En el caso particular de las mujeres migrantes, la pandemia ha supuesto una pérdida de ingresos que a menudo conlleva la desatención de su salud y seguridad, además de implicar un menor retorno de dinero a sus familias y comunidades.

Hemos llegado a un punto en que nos parece vislumbrar la luz al final del túnel; con el proceso de vacunación en marcha y cada vez más sectores de la población con la posibilidad de retomar sus actividades con las medidas necesarias, cientos de mexicanos contemplan la idea de regresar a actividades presenciales en el ámbito laboral. Por esto, resulta prioritario no olvidar ni dejar de lado que, del porcentaje de mexicanos que perdieron y no han logrado recuperar su empleo en el último año, el 71% son mujeres.

Puede que el 8 de marzo hayan pasado ya unos meses, pero la lucha por la obtención de derechos para todas las mujeres en nuestro país debe mantenerse firme. Las mujeres requieren urgentemente obtener acceso a servicios y prestaciones básicas, muchos de los que carecen por permanecer en el sector informal o haber perdido su empleo con la crisis que acompañó a la pandemia. El perder la posibilidad de trabajar y poseer una fuente de ingresos conlleva, en muchos casos, el refuerzo de la dependencia económica que miles de mujeres enfrentan y la falta de acceso a servicios de salud, que jamás nos han hecho falta de forma tan evidente como durante los últimos meses.

Ahora que parece que los empleos aumentan y que las condiciones empiezan a asemejarse a lo que fueron antes de enfrentar la crisis, es momento de luchar con aún más fuerza porque las nuevas oportunidades que surjan, surjan también para las mujeres.

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