Mucho ruido y pocas nueces

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Fotografía: Pixabay

Sin duda la vida política mexicana sigue dando cátedra en el mundo de la misma. Hoy en el tablero de la sucesión hay poca certidumbre para muchos, aun sintiéndose elegidos por Dios y tocado por él.

Es una etapa para muchos, adelantada para distraer la difícil situación nacional, pero recordemos que no solo es en México, sino también en el mundo.

Seguramente muchos dirán que esta situación es heredada –seguro estoy–, y otros señalarán que es el resultado de la mala gestión de algunos –también seguro estoy–. Otros, dirán que es la tormenta perfecta, y que ya estamos arruinados, como aquellos fatalistas que jamás faltan, especialmente la oposición, antes en el poder.

No todo lo del pasado fue malo, pero sí fue grave la corrupción desmedida que existió en las administraciones que tuvieron su oportunidad, y por algo fueron echadas a patadas electorales de Los Pinos.

Tenemos el caso del presidente de Morena –Mario Delgado– quien sin duda ha estado en el ojo del huracán desde el principio, pero recordemos que cada participación de los actores políticos obedece a un interés o varios de algún grupo en particular.

Marcelo, que vive con la sombra de la construcción de alguna línea del Metro de la Ciudad de México, y el Metrobús y sus acuerdos con Cemex, la poderosa compañía regiomontana, y demás temas que irán saliendo en el camino.

En este punto, en México realmente quien ha ganado de Morena es el poderoso efecto del presidente López Obrador. Jamás Delgado… y menos su grupo de colaboradores.

Ya llega una 4T que empieza a destrozarse internamente, siendo su propio enemigo el mismo movimiento.

Y un PRI donde faltarían palabras para describir el pésimo resultado de su actual líder, quien lleva en hombros la enorme carga de su gestión como gobernador de su Estado, y no puede explicar el origen de su “pequeña casa”, según él, casi de interés social, entre otras cosas, aunado a la demás carga de sus compañeros de partido durante la administración de Peña Nieto.

El PRD ahora es solamente insignia, porque se convirtió en un partido satelital sin oferta política y sin gloria y sí mucha pena.

Del PAN, ni qué decir, con la desastrosa administración de Felipe Calderón y su embajador del miedo, preso en Estados Unidos en espera de su sentencia. 

Sus pleitos sindicales con el SME, y sus múltiples obras como la Estela de Luz (estela de la corrupción), que lejos de luz, debería ser el monumento a la vergüenza.

Su líder actual está inmerso en una tibieza, y habiendo mejores cuadros, permanece él. 

Y en general, una oposición pobre en propuestas y rica en críticas contra el presidente López Obrador.

¿Quién será el próximo? ¿Será Claudia? ¿Será Marcelo? ¿Será Monreal?

Será Claudia una mujer leal al Presidente, pero de pocos resultados electorales, como ya lo vimos en la Ciudad de México. Y es de una ideología religiosa diferente a la de millones de mexicanos, cuando la relación con la Iglesia católica está muy delicada. ¿Y si se pone una Virgen de Guadalupe en una falda? ¿Que pasaría si un católico usara una estrella de David en un huipil?

Vemos a un Ricardo Monreal discreto, pero alejado del primer círculo.

Los dados se irán acomodando, en los mismos partidos, y seguramente algunos actores buscarán abanderar otros partidos políticos, tal vez. En todos habrá saltos.

Puede ser que Santiago Creel encuentre su relación política en otro partido, como Movimiento Ciudadano, así como Marcelo en otro y así sucesivamente.

Pero la pregunta es: ¿quién sigue en la confianza del presidente López Obrador?

Adán Augusto es prudente y de confianza, ¿o existe un verdadero tapado protegido de todos los embates, de la compleja política mexicana y no menos complicada situación mundial?

¿Existirá ese piloto en proceso de aprendizaje y capaz de suceder la enorme silla de López Obrador?

¡Fácil no es!, pero debe estar cocinándose, probablemente es un candidato que debe ganarse la voluntad y confianza del pueblo, un político joven de formación y con el mejor maestro, tabasqueño sin duda será.

Pero en esto de la política nada está escrito, y las sorpresas seguirán, al mismo tiempo y paralelamente, resolviendo los enormes retos del país.

Seis años son pocos para el enorme reto, pero la reelección no es el fuerte del Presidente, pero sí consolidar un mejor gabinete con gente capaz de cualquier partido, importando las capacidades del individuo, como ya se ha visto con la integración de varios priístas al gabinete. Diplomático, algunos dirán. Premios, otros argumentarán, en la consolidación del manejo político.

Hay muchos administradores muy capaces, esperando ser llamados al relevo y consolidar estos cambios estructurales. Del PRI, del PAN e incluso de la iniciativa privada. Gobernadores salientes, operadores en la banca y más, son cambios de cirugía política que el país necesita, además de reconocer el trabajo de muchos servidores públicos actuales.

El SAT, por ejemplo, está haciendo un muy buen papel, y de las propias secretarías, que abajo de sus titulares o gobiernos –estatales y de la CDMX–, hacen tremendos trabajos en favor de la sociedad.

El movimiento es constante, pero seguro quien decida el Presidente, hombre o mujer, será el elegido, porque el pueblo cada vez más informado sabe qué es lo que le conviene: o seguir o regresar al pasado.

Posdata: ¿en qué acabará la investigación contra Mario Delgado? 

 

carlos.bayo@angelmetropolitano.com 

Twitter: @CaBayodeTroyaMx

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