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Morena, el partido que se anuncia como el protector de agresores sexuales

EFE
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En lo político, no hay duda que la opción para la transformación que busca el sistema mexicano es la propuesta del partido Movimiento Regeneración Nacional (Morena), pero en lo moral, el partido del presidente Andrés Manuel López Obrador está pisando los linderos de los impermisible:

Morena avanza peligrosamente a convertirse no solo en el partido político del escándalo sexual, sino en el que protege a algunos de los agresores sexuales que demuestran que en México no solo son permisibles las conductas impropias contra mujeres, sino que además –a esos agresores- se les cobija con el manto de la impunidad.

En el último año, muchos escándalos sexuales han ocurrido, en donde militantes de Morena han sido los protagonistas, y sin embargo ninguno de esos señalados de conductas inmorales contra mujeres ha sido sancionado políticamente y mucho menos han sido llevados ante instancias judiciales.

Entre los casos más destacables, se encuentran los de Andrés Roemer, Saúl Huerta, David Monreal, Julio César Lorenzini, Alfonso Vásquez, Guillermo Villaseñor y Rubén Barroso, todos mencionados y acusados públicamente de actos sexuales deshonestos, pero que también tiene como factor en común haber sido dejados sin castigo.

Andrés Roemer, un diplomático amigo de la Cuarta Transformación, también fue acusado de agresión sexual por al menos 10 mujeres. Sin embargo, al día de hoy solo ha sido requerido sin apremio por parte de la autoridad ministerial, mientras él se encuentra en Israel.

Saúl Huerta es un diputado federal de Morena por Puebla, que fue sorprendido cuando intentaba abusar de un niño de 15 años en un hotel de la Ciudad de México; el acto no pasó más allá del escándalo mediático, y hoy se encuentra sin responsabilidad penal, al amparo de la dirigencia nacional de Morena.

David Monreal, el hoy gobernador electo de Zacatecas por Morena, fue acusado de tocamientos indecentes contra una compañera de su partido, pero el caso no trascendió a la instancia judicial, y luego de la intervención de la dirigencia nacional de Morena, el acto fue sepultado frente a la indignación nacional.

Entre otros agresores que también han quedado sin sanción, se encuentra el que fue candidato a alcalde por Morena en Cholula, Puebla, Julio César Lorenzini, quien no ha sido llamado a rendir cuentas ante la justicia, pese a que cuenta con una denuncia por violación contra una mujer, cometida en 2019.

También cubierto por el manto de la impunidad, se encuentra Alfonso Vásquez, un profesor de Filosofía en la UNAM y candidato a diputado local en Ciudad de México, quien fue denunciado por abuso sexual por parte de dos alumnas, sin que la denuncia surtiera efecto.

En la misma circunstancia se encuentra Guillermo Villaseñor, quien se registró como candidato a diputado federal por Guanajuato, y que aun cuando fue denunciado públicamente por actos de acoso sexual, no se procedió penalmente contra él.

Por su parte Rubén Barroso, un exprofesor de escuela de León, Guanajuato, que también aspiraba a ser diputado federal, igual- mente fue ignorado por la justicia, pese a que un grupo de alum- nas, respaldadas por el colectivo feminista “Brujas del Mar”, lo refieren como acosador.

Estos casos son graves, pero más grave es el desprestigio que puede acarrear al partido Morena la decisión política de prote- gerlos; es un desprestigio que pudiera tirar por la borda –a corto plazo- toda la credibilidad social que ha ido ganando a pulso la Cuarta Transformación propuesta por el presidente Andrés Manuel López Obrador…

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