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Miles de personas protestan contra Hamás y las difíciles condiciones de vida en Gaza

Al grito de “!queremos vivir!”, miles de gazatíes tomaron hoy las calles de la Franja de Gaza para protestar contra el gobierno de facto del movimiento islamista Hamás, y denunciaron las difíciles condiciones de vida en el enclave costero, con escaso acceso a los servicios públicos y al desarrollo económico.

Ondeando banderas palestinas, los manifestantes protestaron en el norte de la Franja de Gaza, en el campo de refugiados de Jabalia, también en la céntrica Plaza Al Shujaeyah de la ciudad de Gaza y en el campo de refugiados de Al Bureij, así como en el sur del enclave, en Rafah.

En una demostración poco frecuente del hartazgo ciudadano por el gobierno local, los manifestantes llegaron a quemar banderas de Hamás.

“Queremos acabar con la división del pueblo” palestino, clamaban decenas de gazatíes, haciendo referencia a la ruptura entre Hamás y el partido secular Fatah, que gobierna partes limitadas de Cisjordania ocupada, a través de la Autoridad Nacional Palestina (ANP), que preside Mahmud Abás.

Durante una reunión en Egipto con diferentes facciones palestinas, Abás, urgió a “poner fin a la división” entre los gobiernos de Gaza y Cisjordania, y pidió “subsanar” la relación entre las diferentes facciones palestinas.

“Un solo Estado, un sistema, una Ley y un Gobierno único”, dijo Abás durante su intervención en la reunión, que fue boicoteada por tres grupos, entre ellos el movimiento Yihad Islámica, debido a los arrestos de miembros de las facciones en Cisjordania.

La lucha de poder entre Hamás y Fatah alcanzó su punto culminante en 2007, cuando el grupo islamista -considerado terrorista por Estados Unidos, la Unión Europea e Israel- asumió el control absoluto en Gaza y rompió el gobierno de unidad nacional creado tres meses antes.

La toma del poder por parte de Hamás, el 15 de junio de 2007, se produjo tras cinco días de lucha fratricida con efectivos Fatah en lo que se bautizó como la Batalla de Gaza, que dejó unos 120 muertos.

Esto culminó con la expulsión del enclave de todo los funcionarios vinculados a Fatah; la ruptura de Hamás con la ANP; la división del territorio palestino y la polarización de su pueblo.

Israel y Egipto alegaron amenazas a su seguridad para establecer férreas restricciones a la circulación de personas y bienes desde y hacia Gaza, confinando a sus más de dos millones de habitantes dentro de los muros que contienen el enclave costero (de 40 kilómetros de largo y 10 de ancho), aislándolos del mundo en una profunda crisis política y económica.

Con altos índices de desempleo, un 80% de la población en Gaza depende de la ayuda humanitaria y la mayoría de las familias no pueden acceder a los servicios básicos.

A esto se suma la extensa destrucción de infraestructura que dejan las escaladas bélicas entre las milicias palestinas de Gaza y el Ejército de Israel.

La escasez de energía ha afectado gravemente la disponibilidad de servicios esenciales, en particular los servicios de salud, agua y saneamiento, y ha socavado la frágil economía de Gaza, en particular los sectores manufacturero y agrícola.

En 2023, los gazatíes han carecido de electricidad un promedio de 10 horas al día, según la Oficina de la ONU para la Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCHA).

En 16 años no se han celebrado elecciones ni en Gaza ni en Cisjordania, y miles de jóvenes gazatíes han emigrado a Turquía o Europa huyendo de la pobreza y el desempleo. EFE

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