Más

Suscribirse

Redes Sociales

Milagro de vida en 1985. La niña que nació en el elevador en pleno sismo

En todas las tragedias, también suceden milagros. Y varios de ellos se dieron el 19 de septiembre de 1985 –hace justamente 37 años–, cuando un sismo de 8.1 grados azotó a México, impactando de manera fortísima a la Ciudad de México, donde se escribieron historias de muerte y destrucción, pero también de personas que renacieron y nacieron prodigiosamente entre los escombros.

Uno de estos milagros es el de una pequeña que vio la luz por primera vez ese día. Esta es su historia…

ATRAPADA EN UN ELEVADOR

La mañana del jueves 19 de septiembre de 1985, la señora Francisca Rangel, como todos los días desde hacía tres meses, se dirigió con sus seis hijos pequeños ­–cuatro niñas y dos niños– al Hospital General 2 del IMSS, ubicado en Troncoso y Viaducto, a vender comida a los médicos y personal que ahí laboraban.

Llegaron caminando, pues vivían en un callejón de Añil, muy cerca del hospital, en la colonia Granjas México, al oriente del entonces Distrito Federal.

Una de sus hijas, María Elvia Rangel, de casi 15 años, estaba a punto de dar a luz. Su embarazo rondaba ya las 38 semanas. Apenas llegaron a la recepción del centro hospitalario, cuando la joven empezó a sentirse mal. Las contracciones se hicieron incontrolables, y los gritos de doña Francisca alertaron a un par de enfermeras, quienes rápidamente subieron a la adolescente a un elevador para llevarla a piso y atenderla, a pesar de que no era derechohabiente.

Y justo cuando María Elvia ingresó al elevador, el edificio empezó a tambalearse. Eran las 7.19 de la mañana. Las puertas se cerraron y ella quedó sola adentro. Personal de la clínica, pacientes y familiares trataban de salir del edificio que crujía, pero no todos pudieron hacerlo. El movimiento telúrico hizo que algunas paredes cayeran, que el techo se desgajara y que los plafones fueran al disparejo suelo.

Una densa nube de polvo impedía la visibilidad. Pero la mayoría de personas que estaba en ese lugar, en lugar de buscar la salida, se dispusieron a ayudar. Los gritos y lamentos se escuchaban en todo el maltrecho hospital.

Doña Francisca y sus cinco hijos, aturdidos, empezaron a buscar a María Elvia. La joven gritaba y lloraba adentro del elevador, que no se movió. Y cuando por fin una decena de personas pudo abrir las puertas del ascensor, media hora después, la joven salió corriendo. En las manos llevaba a su bebé, y escurría sangre…

–Mi bebé, ya se murió mi bebé, gritó la joven mamá.

Su madre, y algunas personas que ayudaron a rescatarla, lograron alcanzar a la joven María Elvia y a su bebé –una niña– en la explanada del hospital. Ahí, un médico y una enfermera le retiraron la placenta, el cordón umbilical y la limpiaron.

Luego de una rápida revisión, determinaron que la madre y su bebé estaban en buenas condiciones. María Elvia pensó que su hija había fallecido al ver la sangre, pero en realidad la niña nació sin complicaciones.

SIN CASA… PERO CON VIDA

Doña Francisca, asustada todavía, decidió retirarse del hospital con sus seis hijos y su nueva nieta. Y todos juntos, a pie, emprendieron el camino de regreso a su casa.

Sin embargo, al llegar al cuarto que rentaban, observaron con sorpresa que éste ya no existía… se había venido abajo por el terremoto, al igual que varias viviendas aledañas.

Si toda la familia no hubiera salido, en esos momentos habrían lamentando la pérdida de varios de ellos.

La matriarca de la familia logró rescatar algunas láminas y maderas, con las que improvisó un techo en plena calle para sus hijos y nieta. Algunos vecinos, solidarios, le compraron ropa a la bebé y alimentos.

Al día siguiente, un vecino le recomendó a la señora Francisca que  regresara al hospital para que le extendieran un certificado de alumbramiento de la niña y así poderla registrar.

Nuevamente toda la familia regresó al hosiptal del IMSS, donde le fue expedido el documento, en medio del caos que conllevó el rescate de víctimas y remoción de escombros. Un día después, el 21 de septiembre, fue registrada la niña bajo el nombre de Nayeli López Rangel, como si hubiera nacido en esa fecha.

Y el lunes 23, por la mañana, doña Francisca y sus seis hijos se fueron caminando a La Villa, para darle las gracias a la Virgen de Guadalupe por el milagro de vida. María Elvia se fue de rodillas, llevando en brazos a su hija Nayeli, de apenas cuatro días de nacida. La manda bien valía la pena…

“Me tocaba estar aquí…”

La joven Nayeli López Rangel, quien hoy cumple 37 años, concluyó la carrera de Derecho, y trabaja como pasante en el prestigiado despacho Woolrich y Asociados, al sur de la ciudad de México.

En entrevista para Ángel Metropolitano, asegura que no se siente especial por haber nacido en el elevador de un hospital, en el momento preciso del terremoto. “Me tocaba estar aquí, no morir”, dice la pasante de abogada con una sonrisa en el rostro, a la vez que confiesa que es llamada La niña terremoto por familiares y amigos.

Un sueño premonitorio

Guadalupe Rangel, tía Nayeli López, afirma que a sus 8 años, tres meses antes del sismo del 19 de septiembre de 1985, tenía un sueño recurrente: “Veía claramente que la tierra se abría y caían personas, que se venían abajo edificios y casas, y a mi hermana María Elvia corriendo con una muñeca en sus brazos. Luego, una persona vestida de blanco nos llamaba”.

Doña Francisca la escuchó con atención, y a partir de ese día no se separó de sus hijos, por temor a que les pasara algo. Y por ello se salvó toda la familia, por ese sueño…

DAÑOS MAYORES

El número preciso de muertos por el sismo de 1985, no se conoce; algunos organismos estimaron la cifra en 20 mil. Unas 250 mil personas sus casas y aproximadamente 900 mil se vieron obligadas a abandonar sus hogares, por los daños.

David Casco Sosa estudió la licenciatura en Ciencias de la Comunicación en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, en la generación 1988-1991.

En la misma escuela fungió como profesor en las materias de Sociedad y Comunicación y Propaganda y Opinión Pública.

Reportero desde 1990, ha pasado por las redacciones de revistas y periódicos como Quehacer Político, México HOY, Tabasco HOY, Campeche HOY, Milenio, Novedades, El Gráfico, Impacto, IQ Magazine, Diario BASTA, etcétera, donde se ha desempeñado como reportero, jefe de redacción, editor, subdirector y director. Actualmente es director editorial del semanario digital Ángel Metropolitano, desde su fundación.

En 2008, ganó el Premio Nacional de Periodismo, en el género de Entrevista, y en 2019 en el género de Nota más oportuna, ambos entregados por el Club de Periodistas de México.

Ha sido consultor de proyectos editoriales para la formación de varios diarios en provincia, pero siempre ha regresado a la Ciudad de México, donde incursionó también en la edición y cuidado editorial de libros sobre el tema de la delincuencia organizada.

También ha impartido conferencias sobre el tema de periodismo en diversas universidades, y colabora como dictaminador literario para dos editoriales.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *