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¿Los educadores en peligro de extinción?

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“¡Odio a mis profesores! ¡Siempre tengo que hacer lo que ellos quieran! ¡Nunca me preguntan qué quiero! ¡No les importa en absoluto! ¡Odio la escuela! ¡Seré muy feliz cuando todo termine en algún momento!” (Cita de un estudiante de 12 años) Es otra vez el semestre.

A veces hay cambios de profesores. ¿Nueva Esperanza? Los estudiantes sienten curiosidad por sus nuevos maestros, esperan tener maestros “geniales” que harán de cada día escolar una experiencia. Quieren profesores que (quieran) entenderlos, que sean personas y que no se limiten a dar conferencias repetidas veces desde sus ya amarillentas y gastadas hojas de preparación.

¡Esto es lo que llamamos material transportador! Ningún niño puede elegir a sus maestros. Los profesores son asignados por encima de sus cabezas (como sólo los profesores consideran adecuado) y nadie pregunta si todo encaja. La escuela es a menudo cruel para todos los involucrados, ¡pero especialmente para los estudiantes! Los buenos profesores, es decir, los educadores, son escasos.

Los buenos profesores deberían mirarse cada día desde fuera, cuestionarse críticamente y reflexionar:
1. ¿Me he dirigido y llegado a todos los niños con mis asignaciones laborales?
2. ¿Todos los niños tuvieron la oportunidad de aportar sus ideas y pensamientos?
3. ¿Les di a los niños libertad y oportunidad de descubrir y probar cosas?
4. ¿He tenido en cuenta los diferentes requisitos y cualidades de cada individuo?
5. ¿Fui un socio justo?
6. ¿Traté a todos los niños por igual y traté de evitar cualquier atribución especial de simpatía?
7. ¿Estaban nuestros mundos emocionales en armonía e interacción?
8. ¿He aportado el “poder” de manera desproporcionada como maestro y como adulto?
9. ¿Los estudiantes tuvieron que capitular ante mi superioridad física y mental?
10. ¿Me he convertido en esclavo de mi material de aprendizaje y le he faltado el respeto al alma de algunos niños?
11. ¿Cuántas veces me reí CON los niños hoy, pero no DE ellos?
12. ¿Miré a la clase o a los niños a los ojos?
13. ¿Qué tocó mi alma?
14. ¿Qué noté cuando me observé desde afuera? (de “Ayúdame, soy tu hijo”, H.-J.Hepke, tredition, Hamburgo).

Todos los profesores deben ser conscientes de que la declaración de que están bajo presión curricular y bajo control constante es sólo un pretexto con el que uno intenta excusar su falta personal de imaginación. Cada profesor todavía tiene mucha libertad personal y posibilidades individuales para hacer de la escuela una experiencia positiva e inolvidable.

O parafraseando a Astrid Lindgren: “Libertad significa que no tienes que hacer todo como lo hacen otras personas (otros profesores)”. 

Hasta la próxima y “¡El derecho de todos los niños a la libertad y la autodeterminación! 


Pädagogen vom Aussterben bedroht? 

„Ich hasse meine Lehrer! Immer muss ich nur machen, was sie wollen! Nie fragen sie mich, was ich will! Das interessiert sie überhaupt nicht! Ich hasse die Schule! Ich bin so froh, wenn alles irgendwann vorüber ist!“ (Zitat eines 12-jährigen Schülers) Es ist wieder Schulhalbjahr. Manchmal gibt es dabei Lehrerwechsel. Neue Hoffnung? Die Schüler sind neugierig auf ihre neuen Lehrer, sie hoffen auf die „coolen“ Lehrer, mit denen jeder Schultag ein Erlebnis wird. Sie wünschen sich Lehrer, die sie verstehen (wollen), die Menschen sind und nicht nur zum wiederholten Male aus ihren bereits vergilbten und aufgebrauchten Vorbereitungsblättern dozieren. Stoffvermittlung nennt man dann so etwas! Kein Kind kann sich die Lehrer aussuchen. Die Lehrer werden über ihre Köpfe hinweg zugeteilt (wie es ausschließlich die Lehrer für richtig halten) und keiner fragt, ob das alles zusammenpasst! Schule ist oft für alle Beteiligten, doch am meisten für die Schüler, einfach nur grausam! Gute Lehrer, sprich Pädagogen sind rar geworden. Gute Lehrer sollten sich jeden Tag von außen betrachten, kritisch hinterfragen und reflektieren: 1. Habe ich alle Kinder mit meinen Arbeitsaufträgen angesprochen und erreicht? 2. Hatte jedes Kind die Chance, seine Ideen und sein Gedankengut einzubringen? 3. Habe ich den Kindern Freiraum und Gelegenheit gegeben, Dinge zu entdecken und auszuprobieren? 4. Habe ich die unterschiedlichen Voraussetzungen und Qualitäten jedes Einzelnen berücksichtigt? 5. War ich ein fairer Partner? 6. Habe ich alle Kinder gleichbehandelt und versucht, auf besondere Sympathiezuweisungen zu verzichten? 7. Standen unsere Gefühlswelten im Einklang und in Wechselwirkung? 8. Habe ich die „Macht“ als Lehrer und Erwachsener unverhältnismäßig eingebracht? 9. Mussten die Schüler vor meiner körperlichen und geistigen Überlegenheit kapitulieren? 10. Habe ich mich zum Sklaven meines Lernmaterials gemacht und die Seelen mancher Kinder missachtet? 11. Wie oft habe ich heute MIT den Kindern, nicht aber ÜBER die Kinder gelacht? 12.  Habe ich der Klasse bzw. den Kindern in die Augen geschaut? 13. Was hat meine Seele berührt? 14. Was habe ich bemerkt, als ich mich selbst von außen beobachtet habe? (aus „Hilf mir, ich bin doch dein Kind“, H.-J.Hepke, tredition, Hamburg) – Alle Lehrer sollten sich bewusst machen, dass die Erklärung, man stünde unter Lehrplandruck und unter der ständigen Kontrolle, nur ein Vorwand ist, mit dem man die persönliche Phantasielosigkeit zu entschuldigen versucht. Jeder Lehrer hat nach wie vor jede Menge persönliche Freiheit und individuellen Gestaltungsspielraum, um die Schule zu einem unvergesslich positiven Erlebnis werden zu lassen. Oder in Anlehnung an Astrid Lindgren ausgedrückt: „Freiheit bedeutet, dass man nicht alles so machen muss, wie andere Menschen (andere Lehrer) es machen.“ 

Bis zum nächsten Mal und „Das Recht aller Kinder auf Freiheit und Selbstbestimmung! 

 

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