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Las Poquianchis

A pesar de lo que se piensa, el vergonzoso listado de asesinos seriales que han existido, no se extiende únicamente a Estados Unidos; México tiene su propia lista de personas que cometieron crímenes aterradores, tal es el caso de Las Poquianchis, quienes entre 1945 y 1964 tomaron la vida de un estimado de 150 personas.

Originarias de Jalisco, las hermanas Delfina, María del Carmen, María Luisa y María de Jesús González Valenzuela crecieron con un padre que después de ser policía porfirista se quedó en su cargo y de quien sufrieron maltratos junto con su madre, además de presenciar las torturas que el padre aplicaba a los prisioneros.

Con el apoyo de su pareja, un criminal, María del Carmen abriría un burdel, que a pesar de ser ilegal pasó desapercibido por la baja vigilancia de las autoridades, hasta que un altercado las obligó a cerrarlo.

Sin embargo, en la década de los 50, abrirían un nuevo burdel logrando crecer su negocio con apoyo de grupos de secuestro de país que les ayudaban a reclutar jóvenes de entre 12 y 15 años para trabajar como prostitutas.

El negocio creció y lo pudieron extender hasta Guanajuato, teniendo la misma metodología para asesinar.

Los maltratos para las mujeres que trabajaban para ellas eran constantes, tortura, presión psicológica, abortos a la fuerza, entre otras cosas. Esto hasta los 25 años, cuando las jóvenes eran asesinadas y aquellas que sobrevivían tenían que ser cómplices de los delitos. Se señala que Las Poquianchis no solían tomar a las víctimas, pero sí daban la orden para asesinarlas.

CONTABAN CON PROTECCIÓN DE AUTORIDADES

A pesar de la evidente situación, las autoridades no intervenían debido al alto nivel de corrupción, que consistía en pagar a los oficiales para hacerse de la vista gorda. Tuvo que haber un cambio de guardia para que este grupo cayera.

Fue una mujer que logró escapar de las hermanas la que reportó a las autoridades la situación y estas, no teniendo participación en la corrupción, acudieron al lugar para posteriormente detener a las hermanas.

Las sentenciaron a 40 años de prisión, pena máxima de aquel entonces por homicidio, lenocinio, tráfico de personas, crimen organizado, inhumación ilegal de restos humanos, aborto, corrupción de menores, privación ilegal de la libertad y soborno.

Hay que destacar que, a pesar de los rumores, las hermanas negaron haber tenido participación en rituales, simplemente tomaban la vida de las mujeres y algunos clientes y hombres que no convenían para el negocio.

NO ERAN BRUJAS

Las hermanas González Valenzuela negaron practicar rituales satánicos con sus víctimas, y afirmaron solo tomar las vidas que no convenían para el negocio.

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