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Las ideas empiezan a tomar formas

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Qué manera de ir sembrando, sembrando, sembrando, del presidente López Obrador, para así cosechar los resultados de la anterior votación del 2 de junio.

Pese a todo, a la embestida de algunos sectores de la sociedad, incluyendo muchos medios de comunicación, comunicadores y fuertes financiamientos, se logró el voto popular y de otros sectores de la clase media.

No podremos generalizar que todos son malos o deshonestos, pero sí con diferentes ideologías. Lo cierto y real es que se ponen las cosas en su lugar.

Un PRD que vivió del erario, con sus dirigentes, por muchos años solo aportaron malos resultados en la decadencia de su existir. Un PRI que, lejos de haber sido ni la sombra de ese colegio cardenalicio –por así decirlo, de disciplina, votos y demás, con sus corruptelas en las cúpulas y bases en muchas ocasiones– hoy vive una vergonzosa y lenta difuminada.

Un PRI que, junto con el PAN de doble moral, se unieron y formaron una mala coalición llena de prejuicios escándalos. Vaya que habría mucho que decir, fácil y rápido de resumir.

Ellos fueron los que pusieron las bases para este cambio, con tanto abuso, y qué decir de alguna parte de la ciudadanía, donde el gran ganador fue el abstencionismo.

Fueron años de un banquete, de abusos de grandes fortunas de exgobernadores o expresidentes o exfuncionarios públicos, mientras el pueblo –los más pobres– se retorcían en la miseria.

El cambio no es de 6 años. Así empiezan las bases de un real cambio y viene en camino, está en proceso.

Claudia Sheinbaum empieza a consolidar un proyecto de logros para forjar una gran nación. Ese es su objetivo y ahí participan todas y todos los mexicanos.

Hay que disolver los viejos y malos patrones de administraciones y fomentar los nuevos, con nuevas ideas y perspectivas, dejando atrás lo que ya no sirve.

El adular nubla la razón, pero cierto es que la contundencia de Sheinbaum en las urnas fue rotunda.

La oposición decepcionó a sus seguidores jóvenes y en general. Hoy los reclamos están a flor de piel porque probablemente muchos apostaron a esa coalición y no solo perdieron el voto, sino también recursos económicos.

De vergüenza y de cátedra política. Es para estudiar en muchas universidades del mundo, ¿qué pasó? Pues es fácil: mala asociación de partidos; todos cargaron con los pesados lastres de todos, y además escogieron una pésima candidata.

Caray, bastaba ver que no por ser la más manipulada, ella misma se encumbró y se la creyó. En esta columna desde un principio lo dijimos. En fin, nos queda un país con fuertes cicatrices políticas donde la coalición opositora quedará como un almanaque de mala política, y sus integrantes como artífices de todo lo que pasó.

La unidad y los objetivos comunes serán prioritarios para hacer de México un mejor país. Un gran ganador fue Marcelo Ebrard, y otro gran perdedor es Ricardo Monreal. Reza el adagio romano: “Roma no paga las traiciones”. Vivieron su tiempo, su alegría, y su derroche los grandes perdedores…

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