Larga vida a la muerte de la mente

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Por Ximena Prieto

Esta semana estuve leyendo el libro “Las Muertas” de Jorge Ibargüengoitia. Inspirado en el famoso caso de Las Poquianchis, el autor narra la historia de unas madrotas en un pueblo perdido de México. Leerlo es una experiencia impresionante y tristísima.

El libro empieza de una forma hasta, podría decirse, divertida: una relación agradable entre las madrotas y las trabajadoras sexuales, prostíbulos extravagantes, gran poder sobre los políticos más importantes del estado, dinero a chorros, exnovios muertos de amor, fiestas de amigas, etcétera. Sin embargo, poco a poco, la oscuridad y la violencia se apoderan de la historia. Las mujeres empiezan a ser asesinadas y secuestradas; se convierten en mercancía y en pedazos de carne a la venta. El final es devastador.

La pregunta que me rondaba por la cabeza era, ¿cómo hay un machismo latente en lo más intrínseco del libro, cuando no hay hombres involucrados de manera directa? La respuesta se encuentra en un concepto de Carlos Naranjo: la mente patriarcal. Naranjo es un psiquiatra y escritor chileno que habla sobre un “complejo de violencia, desmesura, grandeza e insensibilidad” que empezó a desarrollarse desde hace seis mil años entre poblaciones arcaicas que luchaban por la supervivencia.

La mente patriarcal prioriza los valores del macho y la virilidad: competencia constate, el triunfo del fuerte sobre el débil, la dominación, la necesidad de poseer, el falocentrismo, y demás términos asociados con lo masculino. El patriarcado es un sistema político, económico y social arraigado en nuestro presente.

La mente patriarcal constituye una manera de experimentar la vida que está íntimamente relacionada con la opresión y la violencia. Sayak Valencia, en “Capitalismo Gore”, ilustra un ejemplo: la lucha de los grupos criminales y el gobierno mexicano no es realmente una búsqueda de justicia, sino que es una guerra de machos. Jamás se vuelca por la paz o por atender sus raíces reales, sino que son dos egos masculinos encontrándose, tratando de eliminar al otro y así ejercer su poder plenamente.

Ante esto, como siempre, nos toca la deconstrucción y cambios estructurales. Muy teórico, ¿no? Bueno, una forma práctica y muy actual de eliminar a la mente patriarcal es colocar a más mujeres en puestos de liderazgo. Claro, ser mujer no nos libra de ser machistas. El libro de Las Muertas lo deja clarísimo. Pero es verdad que un miembro del grupo oprimido es más probable a desapegarse de la mente patriarcal que quien es beneficiado por ella.

Las mujeres están introduciendo otras prioridades a la ecuación: creación de comunidad, igualdad, humanidad, cooperación. Rebecca Henderson, profesora de Harvard, comenta: “cuando eres diferente al resto del grupo, sueles ver las cosas de forma diferente”. El mundo nos exige desapegarnos de la mente patriarcal y acercarnos a valores alternativos que nos mejoren como sociedad. Y esto es un trabajo de todas y todos; nos toca repensar el mundo.

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