La violencia, un arma de doble filo

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Por Rosario Sarmiento

No sabemos todavía lo suficiente para entender la violencia humana, a pesar de que esta ha acompañado siempre a la humanidad, basta con leer el relato bíblico del Génesis en donde Caín mata a Abel por envidia y celos. Los animales no humanos tienen agresión y no violencia.

La agresión es una respuesta instintiva que sirve para protección de una especie, gracias a ella se han controlado y han sobrevivido millones de especies en este planeta. Sin embargo la violencia va más allá, no solamente es respuesta instintiva, sino que añade la característica de otorgar placer al agresor y algunas veces a las víctimas.

Recuerden que todos tenemos algo de sádicos y de masoquistas en nuestro carácter, unos más y otros menos, pero ahí están esas características que nos acompañan.

El placer y el dolor han sido criterios éticos para muchas de las corrientes en filosofía “búscate una vida llena de muchos y variados placeres, prefiriendo los intelectuales a los corporales y minimiza las situaciones de dolor” nos diría Mill y también Freud. Pues bien, uno de los placeres más codiciados en la naturaleza humana es el de sentir poder sobre otros, saber que nos temen y disfrutar con ello.

Así la violencia es un placer ambivalente en nuestra naturaleza: por una parte, la aborrecemos y condenamos, y por otro lado la permitimos e incluso la justificamos y la aplaudimos.

La violencia es como el cáncer, puede aparecer en cualquier parte del cuerpo y luego producir metástasis en otro sitio, hasta llegar a invadirlo casi por completo. Freud la veía como una pulsión llamada tanathos, la cual provoca deseos y placer al ver que el otro se destruye y así, en un mecanismo de proyección, generamos violencia en otras personas para evitar autodestruirnos.

Aunque existe un factor genético de la violencia, mucha de ella es aprendida mediante ejemplo de los padres o modelos sociales, incluye también a los videojuegos, películas y series de televisión.

La violencia requiere estudios interdisciplinarios, en donde la psiquiatría, la sociología, la filosofía moral, criminología, psicología y otras desarrollen el entendimiento suficiente para lograr controlarla mejor. Es tan común y fuerte en el mundo entero que tendemos a no verla, como si fuera algo natural en la sociedad.

Recordemos que existen muchas formas de violencia: psicológica, física, económica, racial etc. A través de las películas y series vemos: secuestros, torturas, asesinatos, suicidios, violaciones y más cosas terribles, por eso cuando vemos las noticias reales, ya no nos impactan o conmueven, a pesar de que algunas veces la realidad supera a la ficción. Estamos tan acostumbrados a ella que llegamos a confundir realidad con ficción y viceversa.

Y la gran contradicción: ¿reprender violencia con más dosis de ella? O ¿convencernos de no ser violentos y no hacer nada mientras somos espectadores de ella? Me pregunto quién ganará la batalla contra la violencia, ¿los más violentos que están encubiertos bajo la bandera de ser buenas personas?

Todo un tema al que tenemos que entrar de lleno, principalmente los que somos educadores ¿no creen?

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