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La soberanía de México no es negociable

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Fuente: EFE

Un caudillo que defiende contra viento y marea la soberanía de México es el presidente Andrés Manuel López Obrador.

Lo malo es el hubiera, que no existe, pero tendríamos otro país si desde el principio no le hubieran robado tantas veces la Presidencia. Pero regresando al presente y pensando en el futuro de manera mediata, los cimientos y bases se están poniendo.

Como todo movimiento, tiene pruebas, aciertos y errores –en este caso, más aciertos que errores– y estos últimos han sido de personas con tarjeta de la 4T que no entendieron el movimiento y se marearon subiéndose a un ladrillo. Ya la historia y la ley los alcanzará.

Por el momento, la revocación pinta para ser otro voto de confianza de la gente más necesitada, y otros porque López Obrador continúe y, como hombre de palabra, si así no fuera se iría (claro que no será el caso de la negativa del pueblo).

Me pregunto qué hubiera pasado si al Presidente se le hubiera ocurrido hacer la Estela de luz, monumento perpetuo que nos debe recordar no solo los mil millones de pesos o más de costo, sino que es un símbolo de corrupción, solo insignia porque ahí mismo debería de estar abajo un quiosco de la vida y obra de Molinar Horcasitas y Suárez Warden (del IMSS), los antihéroes enemigos de la nación y alfiles de Calderón, como el rockstar de ese grupo, García luna, y más exfuncionarios, cuyos nombres podrían llenar una enciclopedia de escoria administrativa de ese sexenio y otras más.

¿Qué hubiera pasado si se hubieran dado a conocer los pormenores de las mentadas reformas eléctricas y energéticas, en favor de un grupo selecto? ¿Por qué mirar al Presidente como un estorbo o alguien que no sabe? Visión de grupos de poder que usan todo su arsenal mediático contra el Ejecutivo federal.

Vaya que el mundo está al revés, muchos son los retos. Y la defensa de la soberanía es toral para el crecimiento del país y no ser enemigo del extranjero, que nos vean como socios y no como colonia de imperios, como lo fuimos por siglos.

Hoy somos una nación con muchas posibilidades y futuro exitoso.

Claro, hay muchas asignaturas que resolver. La desigualdad, la creación de más riqueza para todos y no la concentración de ella, acelerar pymes, más educación, más sistemas de salud eficaces, más seguridad jurídica a la inversión –no ponernos a modo de cualquier extranjero que llegue– y, sobre todo, seguridad, seguridad ante todo. ¡Que ningún crimen o injusticia quede impune! Que se recauden más impuestos y haya verdaderas cooperaciones con instituciones educativas extranjeras.

En estricto sentido, un cambio cultural desde la casa. El Presidente lo sabe, y conoce los errores. El gran reto es el poco tiempo que le queda de administración, no es fácil cambiar una nación tan compleja, cultural y económicamente, en seis años.

Lo bueno es la importancia de esa semilla que inició hace varias décadas con luchas sociales, en favor de erradicar la desigualdad y la corrupción a costa de haber vivido siendo espiado y bloqueado por un gigantesco aparato de poder (contra el entonces luchador social Andrés Manuel López Obrador).

Esa semilla ya está plantada y nos corresponde a todos irrigarla con buenas acciones desde casa y en todo ámbito, señalar lo malo y evitar los errores.

Tenemos la oportunidad de ver al Presidente a diario en su conferencia mañanera, privilegio de la información real y no programas de tendencias manipuladoras a favor de grupos e ideas que tergiversan la realidad.

Seguro hay muchos emprendedores, empresarios y ciudadanía que lo están haciendo cada vez mejor. Un ejemplo es el espaldarazo de casi todos los empresarios grandes del país al presidente López Obrador.

Moraleja: ¿Qué hubiera pasado si se hubiera dilapidado una fortuna en la Estela de luz, contratos de Pemex, de venta de equipos o rentas al gobierno, compras de aviones, desvíos de miles de millones a otros países, construcción de infraestructura de pésima calidad, reclusorios como premios de consolación a grupos (los mismo de siempre), etcétera, etcétera, etcétera?

¿Se hubiera hecho el 1% en esta administración? ¿Por qué no reclamó antes la gente?

Claro que reclamaba, pero no se decía en los medios.

Claro que reclamaba, porque se incrementó el índice delictivo.

Claro que reclamaba, porque aumentó el índice de pobreza.

Claro que reclamaba, pero sus voces eran gritos en el desierto.

Silencio estremecedor que hoy el Presidente calla al construir un país más igualitario y justo.

En esta columna hemos dicho que no generalizamos ni etiquetamos partido políticos ni candidatos, solo hechos reales y personas. Los que hacen la historia, no la crítica destructiva y polarizante de algunos grupos.

Así que sigamos apoyando al presidente López Obrador, no solo con aplausos y pidiendo por él al Creador, sino también señalando los errores, porque México no es un sexenio ni producto de un puñado de corruptos. México es un país fascinante, lleno de vida, fe y esperanza. <<

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