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La historia del Crack económico del 29

Tras un vendaval de grandes fiestas y gasto desenfrenado, la vida estadounidense dio un vuelvo cuando la Bolsa de Valores de Nueva York cayó de golpe.

Tras el triunfo en la Primera Guerra Mundial, a diferencia de los demás países industriales que participaron, Estados Unidos, que había ingresado en la guerra de forma tardía, culminó con una salud económica relativamente estable que permitió a sus ciudadanos y empresas desarrollarse rápidamente.

La siguiente década, la transformación industrial dio paso a los productos en serie y a las casas comerciales que brindaron un concepto nuevo en el marketing de aquellos años: “la gratificación inmediata” o “compra a crédito” o “compre ahora, pague después”; esa estrategia desencadenó una avalancha de compra ventas insospechada.

“El precio del algodón estaba alto, los empleos eran abundantes y los sueldos crecieron constantemente; era una década que no solo cantó al ritmo del jazz y bailó al compás del Charleston, sino que rugió con la confianza y el optimismo de una era próspera”, indicó Karen Blumenthal, periodista financiera de Wall Street.

“En aquellos años la vida cotidiana cambió, las ciudades se conectaban a la red eléctrica, aparecían nuevas tecnologías, radios, los electrodomésticos, que en un principio eran un lujo, ahora se convertían en una necesidad, la industria del automóvil floreció; parecía haber comenzado una era de prosperidad ilimitada”, agregó

Sin embargo, una misteriosa publicidad inundó la vida de las familias que vieron al mismo Charles Chaplin promocionando los “Bonos Libertad” que fueron valores del gobierno que pagaban intereses cada seis meses a sus inversores, quienes podían consultar en el periódico cómo evolucionaban sus ganancias; este fue el punto de partida de la mayor apertura de la Bolsa de Valores de la historia.

DE PRONTO, EN LA FIESTA SONÓ: “CRACK”

Charles Mitchell, presidente el National City Bank –actualmente Citygroup– descubrió que los inversores habían comprado una gran cantidad de bonos del gobierno durante la Primera Guerra Mundial e ideó un sistema en que se podrían vender “valores corporativos” o “acciones” de empresas privadas que se le ofrecería al gran público, usando así la exclusividad de Wall Street.

“Con este sistema impulsado por la publicidad de miles de personas que habían invertido en acciones y se estaban haciendo ricas con su dinero avalado por los bancos se generó una cultura de riqueza moderna nunca antes vista”, indicó Edward Lamont, nieto del banquero Thomas Lamont de J. P. Morgan.

“La bolsa, que en la segunda mitad de los años 20 no paró de subir, prometía la posibilidad de acumular grandes sumas de forma rápida si se disponía de un pequeño capital de partida, o incluso sin él. Los bancos prestaban dinero para comprar acciones a crédito y cientos de miles de pequeños inversores y empresas se lanzaron al mercado”, agregó.

Las personas depositaban sus ahorros en acciones que prometían doblar su valor en un año o se endeudaban para comprarlas y, luego, devolvían el dinero al banco con un enorme margen de beneficio, un sistema maravilloso mientras los mercados se mantuvieran en ascenso, pero el jueves 24 de octubre de 1929 todo cambió.

Fue el día en que The New York Times, tras la baja en la Bolsa de la semana anterior, publicó que “un desastre en Wall Street era imposible”; horas después, el desplome fue creciendo, arrancó con una caída del 11 por ciento; es decir, nadie compraba, todos vendían, los deudores no podían pagar a los bancos, los corredores perdían su dinero, las empresas quebraban y el crédito desaparecía.

¿QUÉ CAUSÓ ESTE DESASTRE?

Una práctica que manipuló el mercado de acciones y generó muchas pérdidas a los pequeños inversores fue la que lideró Joseph Kennedy, quien se reunía con un grupo de especuladores que de forma coordinada compraban lentamente, pero sin pausa, unas acciones determinadas que inflaban y cuando veían que otros muchos invertían en ellas, las vendían y así se quedaban con las ganancias de su auge.

Esta clase de situaciones que se mezcló con el ingreso a la bolsa de miles de empresas –con lo que se infló aún más la burbuja financiera– dieron aviso a hombres ilustres, como el banquero Paul Warburg quien advirtió que la especulación desenfrenada terminaría colapsando los bancos y generando un efecto desastroso en el sistema económico.

Días previos al desplome, los bancos decidieron inyectar dinero a la bolsa para ganar la confianza del público, medida que fue saluda por algunos días porque, luego, la caída fue inminente y arrastró todo a su paso, pues se perdió más que lo invertido en la Primera Guerra Mundial y el dinero prestado para vivir no se pudo recuperar.

“Los bancos se declararon en banca rota, no había liquidez ni créditos para comprar más productos ni para pagar a los proveedores o a los empleados; a medida que el desempleo se expandía, la demanda de productos caía y la economía se contrajo; muchos se suicidaron”, declaró Edward Lamont.

Diversos historiadores consideran al Crack del 29 como el momento más trágico de la historia de los Estados Unidos, solo superado por la Guerra Civil, porque el saldo fue que entre 1929 y 1932, el Producto Interior Bruto (PIB) de Estados Unidos cayó un 43 por ciento, miles de bancos cerraron sus puertas en todo el país, 32 mil empresas quebraron solo en los primeros meses de la crisis; y luego llegaría la Gran Depresión en todo el mundo.

(CON INFORMACIÓN DEL CANAL DE YOUTUBE
UNIVERSO INFINITO Y DE LA AGENCIA EFE)

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