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La crisis peruana vacía el Machu Picchu para un puñado de afortunados

Son 4.044 los turistas que cada día entran a la ciudadela inca del Machu Picchu, una riada de personas que cada jornada se deslumbra ante una de las maravillas del mundo entre codazos por una buena vista. Hoy, la crisis ha vaciado de turistas el yacimiento excepto para unos pocos intrépidos que, pese a las protestas, se han lanzado a la aventura, según pudo constatar EFE.

El trayecto en tren hasta Aguas Calientes, el pueblo construido en las faldas del Machu Picchu, está interrumpido y los buses a duras penas llegan hasta la célebre hidroeléctrica cercana, desde la que es necesaria una caminata de unas tres horas hasta los casi 2.100 metros donde se ubican la mayoría de hoteles.

Desde allí, un último trayecto, habitualmente atestado de peatones y buses, hasta la entrada al yacimiento.

Y desde ese punto, apenas la ciudadela que deja boquiabiertos a los 4.044 visitantes que cada día tienen la suerte de ver el “monte viejo”, el nombre en castellano que en quechua se traduce por Machu Picchu.

El trayecto en un día normal puede hacerse en tren o en autobús. Con la ruta de tren interrumpida por seguridad, unos pocos autobuses ofrecen el viaje desde la ciudad de Cuzco hasta la hidroeléctrica.

A pesar de los numerosos bloqueos de carreteras que hay en el país, en el trayecto hasta la hidroeléctrica tiene cortes menores y sin manifestantes que los turistas inasequibles al desaliento han podido superar sin muchos problemas, según pudo constatar EFE.

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La crisis peruana vacía el Machu Picchu para un puñado de afortunados | Fuente: Unsplash

EPICENTRO DE PROTESTAS

La región de Cuzco, en la que se encuentra el Machu Picchu, es uno de los epicentros de las protestas que reclaman la renuncia de la presidenta Dina Boluarte, el cierre del Congreso, el adelanto de elecciones y la convocatoria de una asamblea constituyente.

Tras el duro diciembre, en el que murieron 28 personas en todo el país en apenas 20 días de protesta, los manifestantes decretaron una tregua navideña.

En el reinicio el pasado miércoles, las protestas han sido mucho más tímidas y localizadas en Cuzco y su vecina región de Puno (fronteriza con Bolivia).

Allí, son decenas los bloqueos que han cortado las carreteras y dificultado el tránsito. En consecuencia, el turismo se ha paralizado hasta su epicentro peruano, Cuzco, y la ruta férrea al Machu Picchu se congeló.

No es infrecuente. Los habitantes de la zona interrumpen de manera habitual el paso en las vías para hacer sus reclamaciones pero, en esta ocasión y por sorpresa, han optado por mantener el tránsito abierto, pese a que los operadores han preferido no prestar el servicio de ferrocarril por seguridad.

Por eso, la mayoría de turistas han cancelado sus viajes y puesto en el congelador su deseo de conocer la que está considerada como una de las grandes maravillas del mundo.

Todos menos un centenar aproximado de turistas que han desafiado todo, algunos con sus agendas apretadas, y su apuesta les ha deparado uno de los mayores privilegios: estar a solas con el Machu Picchu. 

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