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Julio Cortázar: “Jorge Luis Borges me dio una gran lección de escritura”

El autor de “Rayuela” revela la importancia del maestro argentino en su camino literario.

En el Ángel Metropolitano, revivimos las palabras del escritor, profesor y traductor argentino Julio Cortázar (1914 – 1984), Premio Médicis (1974) y Premio Konex de Honor (1984), respecto a la influencia y admiración que sintió por su compatriota el escritor, poeta, ensayista y traductor Jorge Luis Borges (1899 – 1986).

La historia de ambos colosos de las letras inició una tarde de 1946 en la revista “Los anales de Buenos Aires”, donde el maestro trabajaba como Secretario de Redacción y recibió al joven autor, quien le entregó un cuento manuscrito.

A la semana siguiente, tras la indicación, regresó para conocer el parecer del empleado y, sorprendido, escuchó que le había gustado su cuento y que ya estaba en la imprenta. Poco tiempo después, encontró un ejemplar de la revista, donde había sido publicado su famosísimo cuento “Casa Tomada” con una ilustración de Norah, la hermana de Borges.

Esta publicación significó su entrada en las grandes letras argentinas, algo que continuó por el apoyo de Jorge Luis quien le pidió más textos y ello generó que el joven Julio publicase sus obras “Los reyes”, “Las puertas del cielo” y “Bestiario”. Asimismo, este acto sellaría una relación de admiración que no podría borrarse por ninguna diferencia ideológica.

En una carta dirigida al poeta y ensayista cubano Fernández Retamar, fechada 20 de octubre de 1968, el autor de “Rayuela”, le confió que en la conferencia que Borges pronunció en Córdoba lo elogió como un gran escritor, pero afirmó que nunca podrían tener amistad por su militancia comunista; algo que lo alegró porque él había podido homenajearlo en vida, pues opinó que las diferencias ideológicas no diluyen el aprecio.

“SER RIGUROSO Y MUCHO MÁS SE LO DEBO A BORGES”

El miembro principal del llamado Boom Latinoamericano contó que la gran lección de Borges no fue una lección temática, ni de contenidos, ni de mecánicas, fue una lección de escritura, referida a la actitud del hombre que, frente a cada frase, piensa cuidadosamente, no qué adjetivo poner, sino cual sacar.

Asimismo, comentó que: “en principio soy muy severo, muy riguroso frente a las palabras. Lo he dicho, porque es una deuda que no me cansaré nunca de pagar, que eso se lo debo a Borges. Mis lecturas de los cuentos y de los ensayos de Borges, en la época en que publicó «El jardín de senderos que se bifurcan», me mostraron un lenguaje del que yo no tenía idea”.

También aseveró que lo primero que le sorprendió al leer sus cuentos fue la impresión de sequedad, se preguntó: “¿Qué pasa aquí? Esto está admirablemente dicho, pero parecería que más que una adición de cosas se trata de una continua sustracción”.

Agregó que se dio cuenta de que Borges, si podía no poner ningún adjetivo y al mismo tiempo calificar lo que quería, lo iba a hacer, o, en todo caso, iba a poner un adjetivo, el único, pero no iba a caer en ese tipo de enumeración que lleva fácilmente al etcétera.

Respecto a su primer encuentro, Cortázar confesó: “Lo que yo quería recordarle también es que ése fue el primer texto que yo publiqué en mi patria cuando nadie me conocía” y, ante ellas, Borges expresó: “Yo me sentí muy orgulloso de haber sido el primero que publicó un texto de Julio Cortázar”.

ENCUENTROS

La cantidad de veces que ambos se vieron fueron narradas por testigos de estos encuentros o registrados en la abundante correspondencia que ambos exponentes cursaron con diversos intelectuales. Uno bastante famoso es el que Cortázar le narra en 1964 a su amigo y editor español Francisco Porrúa sobre un encuentro casual con Borges en las instalaciones de la Unesco.

“Al cruzar el hall de la Unesco con Aurora para ir a tomarnos un café a la hora en que está terminantemente prohibido y por lo tanto es muchísimo más sabroso, lo vimos a Borges con María Esther Vásquez, muy sentaditos en un sillón, probablemente esperando a Caillois. Cuando me di cuenta, cuando reaccioné, ya nos estábamos abrazando con un afecto que me dejó sin habla”, escribió el autor de “Rayuela”.

Al respecto, en conversación con su compatriota, el escritor Fernando Sorrentino, Borges recordó: “Nos vimos creo que dos o tres veces en la vida, y desde entonces él está en París, y yo estoy en Buenos Aires, creo que profesamos credos políticos bastante distintos, pero pienso que, al fin y al cabo, las opiniones son lo más superficial que hay de alguien; y, además, a mí los cuentos fantásticos de Cortázar me gustan”.

En un conjunto de entrevistas hechas en 1979 por el escritor uruguayo Ernesto González Bermejo a Cortázar, él afirma: “El choque que me produjo a mí la escritura de Borges fue sin duda el más grande que yo había recibido hasta este momento.

(CON INFORMACIÓN DEL CANAL DE YOUTUBE CLUB DE LECTURA POLISEMIA Y LA AGENCIA EFE)

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