#JuevesDeVinitos: un nuevo spot para esta bonita tradición

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Esta sección es nuevecita de paquete, recién salida del horno y qué mejor manera de inaugurarla que con el relato de un ritual muy habitual para mí: el jueves de vinitos. Este día marcado en mi calendario mental, es una tradición ancestral que tengo con mis amigos y aunque llueva, truene, o exista una pandemia que la humanidad no había experimentado hace más o menos 100 años, sucederá y lo pasaremos increíble. Regularmente sucede en alguno de nuestros hogares, en tiempos extremos del confinamiento sucedía por Facetime o Houseparty, y ocasionalmente decidimos salir y conmemorarlo en algún bar, restaurante o establecimiento con licencia para venta de alcohol.

Justo como ahora, muchos negocios están abriendo sus puertas nuevamente y parece más seguro salir a la calle y disfrutar del buen clima que la ciudad tiene, dos y amigas y yo nos fuimos a degustar unas copas a un lugar nuevo llamado “Sete” en la colonia Juárez. Me pareció interesante visitar ese lugar porque realmente no tenemos mucha oferta de winebars en CDMX, por lo que yo un aficionado del vino, decidí que era momento de saber si realmente valía la pena esta nueva joyita: spoiler alert, lo vale…sigue leyendo y entenderás por qué.

Sete es un lugar pequeño, donde todo gira alrededor del número siete: el bar está en 7 de la calle Dublín, cuentan con 7 vinos para degustar, 7 diferentes tapas para acompañar tu bebida y el nombre es portugués para ese número. El bar es realmente diferente, el concepto es similar a los standing-only de Tokio, en donde una gran barra es el punto de encuentro para todos los que deseamos beber, no hay bancos, solo personas queriendo pasar un gran rato con vinito en mano.

Hay tres puntos que nos encantaron a mis amigas y a mí del lugar: el primero es que el vino lo venden por “cuartitos” que más o menos te rinde para dos o tres copas de vino, por lo que si no quieres beber una botella completa o quieres probar varios tipos de uva, es la opción perfecta para hacerlo; otro gran factor a favor es que sus bartenders son dos mujeres súper carismáticas que se encargan de que pases un momento genial y nunca, nunca falte el jugo de uva fermentado en tu copa.

El último punto es que la música no es la de cualquier bar, pues viene de una tornamesa que hicieron especialmente para ellos (en un mármol muy lindo) y los vinilos son parte de la colección del lugar, con canciones que no te imaginas escuchar mientras bebes con amigos, pero que funcionan a la perfección y crean un ambiente en el que quieres pasar horas y horas platicando, riendo y bebiendo.

Nosotros comenzamos la tarde en la terracita que tienen afuera del bar, bebimos un tinto italiano que fluyó como agua y acompañamos con tapas de quesos y mermelada de durazno que nos hicieron muy felices. Llegó la noche y decimos entrar a la gran barra, nuestras nuevas amigas bartenders nos ayudaron a que la uva siguiera fluyendo e incluso nos dejaron escoger un par de vinilos para escuchar. No estábamos muy seguros cómo funcionaría el asunto del standing bar, pero sorpresivamente hace que socialices más: no solo con tu grupo sino con el resto de las personas que están ahí, lo cual se agradece pues siempre hay nuevas historias que escuchar.

También nos invitaron al speakeasy, que se encuentra arriba del bar de vinos y nos contaron que antes funcionaba como el despacho del arquitecto José Villagrán. En esa parte de Sete aunque el espacio es pequeño, el buen ambiente sigue y los tragos no decepcionan: el más famoso es el negroni y nos regalamos uno para cerrar la noche donde las risas no faltaron.

Sete está en la calle de Dublín, en la colonia Juárez. Chequen su Instagram (sete.mx) y anímense a visitarlo, les juro que van a regresar por más como ciertamente nosotros lo haremos.

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