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José Agustín, la pluma rebelde que desafió el tiempo

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En el rincón más íntimo de casa en Cuautla, Morelos, se apagó la llama de un ícono que marcó a generaciones enteras. Hoy, lamentamos la pérdida de José Agustín, el escritor mexicano que desafió las normas y dejó una huella imborrable en la literatura contemporánea. Con una mezcla única de rebeldía y sensibilidad, el guerrerense se convirtió en un referente de la contracultura en nuestro país.

Nacido el 19 de agosto de 1944, José Agustín Ramírez Gómez, trascendió los límites de la sociedad conservadora de su época. Su obra literaria, que abarca novelas, ensayos y cuentos, revela una profunda conexión con la juventud, la rebeldía y la búsqueda de la identidad en un mundo en constante cambio.

Desde sus primeras letras, Agustín desafió las convenciones literarias y sociales. Su primera novela, “La Tumba” (1964), escrita a sus 20 años, abordó la experiencia de la adolescencia con un tono crudo y honesto. Esta obra no solo le valió reconocimiento, sino que también generó controversia por su tratamiento directo de la sexualidad y la rebeldía juvenil.

A lo largo de su prolífica carrera, el eterno joven José Agustín continuó explorando las complejidades de la juventud y la sociedad. Obras como “De perfil” (1966) y “Círculo vicioso” (1969) se convirtieron en espejos literarios que reflejaban los vaivenes de una generación en constante conflicto con las normas establecidas.

En la década de 1970, Agustín se consolidó como un escritor que trascendía las fronteras nacionales. “Graffiti” (1972) y “Se está haciendo tarde” (1973) se convirtieron en clásicos de la literatura contracultural en América Latina, explorando la identidad, la política y el amor en un contexto turbulento.

Su autobiografía “El rock de la cárcel”, editada en 1986, en la que recordó su paso por la prisión conocida como Palacio Negro de Lecumberri, por posesión de mariguana, se convirtió en uno de sus libros más icónicos.

LA LITERATURA DE “LA ONDA”

Con sus dos primeras obras, “La Tumba” y “De perfil”, José Agustín desmitificó la literatura mexicana. Con un lenguaje fresco, juvenil, como se hablaba en las calles, pero con un dominio absoluto de las letras y la composición gramatical –no en balde su maestro fue Juan José Arreola–, el autor pronto llamó la atención por los temas que abordó: las drogas, el rock and roll, la política y los problemas de los adolescentes.

A ese estilo literario se sumaron otros jóvenes autores, como Parménides García Saldaña, René Avilés Fabila, Gustavo Sáinz y otros más.

En 1969, la escritora y crítica literaria Margo Glantz acuñó el término de “literatura de la onda”, para referirse a esa generación de escritores jóvenes disruptivos. Y así se le conoce hasta la fecha.

Emiliano Ruiz Parra, escritor y periodista, entrevistó a José Agustín en agosto de 2013, y sobre el término, el escritor se mostró contundente: “fue una reverenda mamada”.

El mismo Ruiz Parra rescata lo que escribió José Agustín en su obra “La contracultura en México”: “Glantz dividió el mapa de la literatura en dos categorías irreconciliables: la onda y la escritura. Ésta última era la buena, la que había que escribir, alentar y premiar; la onda era lo grosero, vulgar (…) con semejante reduccionismo, la doctora Glantz mandó a la onda al museo de los horrores y propició que el establishment cultural condenara, satanizara y saboteara esa literatura”.

No obstante, José Agustín se convirtió en uno de los autores más leídos, y lo mismo escribió novelas, ensayos, artículos periodísticos, que guiones para cine y películas.

En la década de 1980, se alejó momentáneamente de la escritura, pero regresó con fuerza en los años siguientes. “Zona de nadie” (1997) y “Recuerdo de cómo nos llevó la tristeza” (2002) marcaron su regreso triunfal al panorama literario, consolidando su estatus como un maestro que no temía enfrentar la realidad con palabras incisivas.

UN LAMENTABLE ACCIDENTE

Aunque lo negara, José Agustín era una especie de rock star literario. Los foros donde se presentaba a dar conferencias o presentar un libro, se llenaban de gente, tanto lectores de su generación como de jóvenes que leían con fervor sus obras escritas antes de que ellos nacieran.

Así, el miércoles 1 de abril de 2009, se presentó en el Teatro de la Ciudad de Puebla, donde impartió una conferencia. Como es tradicional, luego de estas charlas, los lectores –en este caso decenas de jóvenes–, se acercan al autor para que les firmara sus libros.

José Agustín se vio apabullado por tanta gente, y poco a poco se fue moviendo hacia atrás, hasta que cayó al foso de los músicos de una altura de dos metros. El saldo fue fractura de cráneo, seis costillas y una estancia de 22 días en terapia intensiva.

A partir de ese momento, las secuelas de ese accidente fueron deteriorando la salud del maestro, quien ya casi no salía de su casa en Cuautla, Morelos. El martes 16 de enero de 2024, uno de sus hijos dio a conocer el deceso de su padre.

La despedida de José Agustín deja un vacío en el panorama literario, pero su legado perdurará en las páginas de sus libros y en la memoria colectiva de aquellos que encontramos en sus palabras un refugio para nuestras propias inquietudes y anhelos.

La pluma de José Agustín se apaga, pero su luz seguirá iluminando el camino de quienes se atreven a desafiar lo establecido y a cuestionar la realidad con la pasión de un verdadero revolucionario de las letras.

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