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John Wayne Gacy, “El payaso asesino”

El terror y la perturbación que ocasionan los payasos en algunas personas es conocida, a veces no entendemos los motivos, hay quienes señalan al cómo se vestían los payasos antiguos como el factor que desencadena este miedo. Sin embargo, hay una historia de un payaso real que perturba, y esta es la de John Wayne Gacy, asesino en serie estadounidense que tomó la vida de 33 hombres y a quien le gustaba disfrazarse del Payaso Pogo.
Nacido en 1942, su infancia fue difícil, un padre alcohólico que lo golpeaba y a quien nunca logró enorgullecer; el bullying por su físico y ser violado por un amigo de la familia, fueron algunos de los ingredientes que poco a poco convirtieron al hombre en un frío asesino.
En 1968 fue arrestado y condenado a 10 años por la violación de un menor de 16 años, sin embargo, su salida de prisión no sería sino 18 meses después por buen comportamiento, dándole la oportunidad de mudarse a Illinois, donde pudo iniciar una nueva vida.
A través de actos caritativos y cívicos convenció a la comunidad de lo buena persona que era: miembro activo del partido demócrata, dueño de una empresa de construcción y sobre todo un hombre que disfrutaba de ponerse su disfraz de Pogo, el payaso, para ir a fiestas infantiles.
Con esta cubierta de buen ciudadano pudo quitarles la vida a 33 hombres entre 1972 y 1978 con métodos violentos, ya que salía a conducir por el vecindario, buscaba chicos vulnerables y los invitaba a su casa a hacer reparaciones o alguna otra actividad a cambio de una compensación, ya una vez ahí procedía a violarlos y asfixiarlos.
Varios cuerpos quedaron sepultados bajo su propia casa, otros en la casa de su madre y otros simplemente los dejaba en callejones lejos de su domicilio.
Después de que varios indicios indicaran que algo andaba mal con Gacy, la policía lo comenzó a investigar al desaparecer un joven de 15 años, y el Payaso, sintiéndose acorralado y agobiado, confesó sus crímenes.
Los más de 10 cuerpos fueron desenterrados de la casa del asesino y la comunidad estaba atónita por dos motivos: Lo perturbador del propio hecho y que este hombre hubiera tenido la confianza de la comunidad de incluso dejarlo acercarse a los niños en las fiestas.
Después de un largo juicio, en 1980, Gacy fue sentenciado a cadena perpetua y pena de muerte, para posteriormente en 1984 recibir la inyección letal. Sus últimas palabras fueron: “Matarme no regresará a ninguna de las víctimas. El Estado me está asesinando. ¡Nunca sabrán dónde están los otros! “.
Su cerebro fue estudiado por científicos que determinaron que no había anomalía alguna que diera una propensión biológica por la violencia.
De nuevo nos topamos con estos casos de horror en la vida real, un payaso, un ciudadano promedio amigable, un “buen vecino”, una persona que debajo del maquillaje portaba una máscara que ocultaba un monstruo.

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