Israel vs la escasez del agua

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Fuente: Pixabay

Israel utilizó la innovación tecnológica en ingeniería además de el aprovechamiento de costos del líquido para volverse una potencia mundial en su aprovechamiento.

El desierto de Israel representa el 60% de su territorio, una situación peligrosa en una época en la que el agua comienza escasear alrededor del mundo y que según expertos se volverá una crisis que padecerá hasta el 20% de la población mundial. Sin embargo, llevando la contraria a la tendencia actualmente Israel presenta menos territorio desértico que hace 50 años, además es un líder exportador de productos agrícolas con equivalencia a 2 mil millones de dolares por año en exportación. 

 

Actualmente, Israel ha logrado disminuir su consumo de agua pública y privada en un 20%, disminuir el agua que se usa para riego en un 60%, aprovechar el agua salada del subsuelo, sin mencionar el aprovechamiento del 85% de las aguas residuales o que logró volver al desierto tierra fértil para campo de cultivo.

 

¿Cómo ha logrado esto? La historia comienza para finales de los años 20, cuando la migración de judíos a Palestina se incrementó, fenómeno que el gobierno británico consideraba insostenible por la sequía que naturalmente golpeaba el territorio. Tel Aviv, ciudad del centro de Israel concentraba a gran parte de la población, por lo que el reto era llevar el agua que se encontraba al norte hacia el centro para poder dar sustento y mejor calidad de vida a los nuevos habitantes de la región.

El peso del reto cayó en los hombros de Simcha Blass, un ingeniero británico e inmigrante polaco quién diseñó un plan que consistía primero, en la extracción y aprovechamiento del agua dulce subterránea de Israel a través de perforaciones profundas; en segundo lugar se debía de hacer un bombeo desde el Río Jordán, el más importante del territorio hacia el sureste llevando agua incluso a zonas que se consideraban inhabitables volviéndolas sostenibles para el asentamiento humano; el tercer punto se enfocaba en el lago más grande de la región, El Mar de Galilea, para trasladar con un acueducto de más de 100 km el agua hacia el sur. 

Con este plan se lograría garantizar el suministro del agua en toda la nación con urgencia, ya que después de la independencia de Israel en 1948 la migración aumentó y la necesidad de suministro también. Para lograr esto el primer ministro de Israel, Ben-Gurión, tomó la polémica decisión de firmar un acuerdo de reparación con la República Federal Alemana con el cual Israel recibió 3 mil millones de marcos como indemnización del daño y el saqueo que se había causado al pueblo judío durante la Alemania Nazi, con este dinero se podría impulsar el desarrollo del proyecto hídrico.

Para 1964 el proyecto del acueducto estaba realizado y con ello el suministro del agua se había garantizado para la nación de oriente, sin embargo el crecimiento demográfico y la globalización volvieron a amenazar con una nueva crisis de agua en el país, por lo que en 2006 se cambió el control del agua del estado a una agencia de control de agua israelí, quien se encargaría de gestionar el agua.

Para 2008 esta institución declaró que toda la población, empresas e incluso gobierno debería pagar el costo real que tenía llevar el agua a todo el territorio. Esto buscaba incrementar el ahorro del líquido, además de recaudar más dinero para la infraestructura, que esta ya no pertenecía a los ayuntamientos, sino que pasó a 55 empresas que se encargarían de la mejora continua del sistema, logrando por ejemplo que el desperdicio de agua por fugas disminuyera a menos del 10%.

«La gente entiende que el agua es un tesoro, pero no comprende porqué tiene que pagarla. Ven la lluvia y creen que el agua es gratis. Y tienen razón, esa agua es gratis. Pero el agua segura, confiable y siempre disponible no es gratis, y no puede serlo. La construcción de la infraestructura no es gratis». Mencionó un miembro de alto rango de la gestión del agua en Israel.

La estrategia funcionó disminuyendo el consumo del agua en un 20% y recaudando lo suficiente para implementar tecnologías en la agricultura, como el riego por goteo, que consiste en gotear agua directamente en las raíces de las plantas, con esto se ahorra hasta el 60% del consumo del agua en los cultivos, después este se transformó en el fertiriego que incluye los fertilizantes en el goteo, finalizando con el nutririego que además de agua y fertilizantes logró nutrir a las plantas con lo que necesitan para crecer, este último avance culminó en la capacidad de poder sembrar en el desierto, mientras que añadiendo modificaciones genéticas también se logró que las plantas necesitasen menos recursos para crecer o pudiesen aprovechar el agua levemente salada que se encuentra en grandes cantidades en el subsuelo del territorio. Así es como Israel logró convertirse en potencia exportadora de productos agrícolas a través de la innovación para la eficiencia de los cultivos.

A esto se le suman la infraestructura para reutilizar el 85% del agua residual y una planta de desalinización que puede procesar más de 600 millones de litros de agua al día. Logrando exportar agua a Palestina y Jordania.

 

 

 

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