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Indulto entre abucheos en corrida de cierre en carnaval en Jalisco

La tercera y última corrida de la Feria de Carnaval de Jalostotitlán, Jalisco, finalizó este martes con un indulto protestado de la ganadería de Villa Carmela y la puerta grande para dos toreros mexicanos y un español.

El triunfo para Alfredo Ríos “El Conde” fue facilitado por el perdón al astado, mientras que su compatriota Arturo Saldívar cortó tres orejas y el español Antonio Ferrera cortó con dos orejas.

Los toros de Villa Carmela fueron justos de presentación y descastados. Se registró tres cuartos de entrada en una plaza con capacidad para 6.500 aficionados.

El buen ciclo taurino de Jalostotitlán tuvo un colofón inapropiado. El indulto de un toro noblote, descastado, sin emoción que iba y venía y al que se le propinó un mete y saca al caballo.

El perdón fue pedido por los ganaderos desde el callejón de una manera ostentosa y muy protestado por la mayoría de los presentes.

El de Villa Carmela tocó en suerte a “El Conde”, el empresario de la plaza Fermín Espinosa “Armillita” de Jalostotitlán.

Muy justo de presentación lo recibió “El Conde” a puerta gayola. Toreó sobre la mano izquierda con clasicismo y pausa. No volcado pero al menos con temple. La faena larguísima e innecesaria debido a que los ganaderos y una pequeña parte del público pidió el indulto. Se concedió perpetuando así la sangre mustia del descastado.

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La actitud de los propietarios del hierro desde el callejón fue totalmente reprobable. Los abucheos vencieron por mucho a los aplausos. La mejor noticia para la tauromaquia fueron las airadas protestas de los buenos aficionados de los Altos de Jalisco.

Con su primero, Alfredo Ríos banderilleó sin fallos ni alardes. Los castigos y adornos achicaron al toro. “El Conde” inició en el estribo apoyado, descansando contra las tablas. Poco más se vio. Toro y torero compartieron el ruedo sin apenas pases. Mató de casi entera desprendida y con buena trayectoria.

El español Antonio Ferrera obtuvo su puerta grande con dos faenas muy aliviadas. Con un toro pasado de peso, el segundo de la tarde, Ferrera dio muestras de su heterodoxia con un capote azul que tenia los vuelos de una sábana.

El de Villa Carmela sufrió una voltereta. El español no tomó los palitroques para disgusto de los presentes. Ya con la muleta se tomó mucho tiempo entre pase y pase para no exigir al animal.

Con la muleta por alto transcurrió el tercio. El de luces citó en paralelo y con el pico. Los naturales tuvieron artificio y mucha interpretación.

Con un final histriónico de pases del desprecio y una media suficiente sumó una oreja entre la indiferencia general.

Similares características atesoró su siguiente faena. Ferrera de nuevo no puso banderillas. Con la muleta ejecutó pases recuperando terrenos en parte por la falta de brío del astado en parte por permanecer siempre sin cruzarse el español. Las poses predominaron. Oreja tras matar caminando.

En cuanto al mexicano Arturo Saldívar logró dos orejas con su primero y otra con el cierra plaza.

Al tercero de la tarde Saldívar lo toreó con suavidad acertando en los tiempos y cantidad de pases para mantener al descastado en la muleta. La colocación del diestro fue correcta en fijeza pero sin cargar la suerte.

Realizó la labor en el centro del ruedo. Faltó emoción de toro y torero. Larga fase de muleta con una desprendida de colofón. Dos orejas que recibió el matador mientras aplaudía al toro como si se tratase el cómodo noblote del paradigma de bravura.

Con el último del encierro, el que más emoción y peligro trasmitía, Arturo anduvo descompuesto y poco a poco el astado le comió los terrenos. Alargó la labor de muleta hasta sentirse a gusto con el animal desfondado. Otra oreja más para el festejo que cerró la Feria de Carnaval con un indulto para el olvido.

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