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Fernando Botero: “Uno tiene que vivir enamorado de la vida”

EFE/Context Art
EFE/Context Art

El maestro de la pintura colombiana Fernando Botero (1932) murió a los 91 años en Mónaco, el 15 de septiembre de 2003, siendo uno de los artistas latinoamericanos más conocidos y cotizados del mundo; logrando obtener cifras de siete dígitos para sus obras que han sido subastadas durante muchos años en las más prestigiosas casas.

Asimismo, sus esculturas también han sido objeto de gran admiración debido a su estética única; al respecto, cabe resaltar la exposición de 14 piezas de bronce que realizó en Park Avenue en la ciudad de Nueva York, o la muestra de más de 30 figuras que montó en los Campos Elíseos de París.

No obstante, el maestro declaró en diversas ocasiones que la pintura era su amada por sobre todas las artes y no dejó de ejercerla hasta sus últimos días; cabe destacar que inició su carrera en su ciudad natal Medellín cuando era adolescente.

Además, sus primeros trabajos fueron la creación de ilustraciones para un periódico local y el pintado de escenas de toreros que vendía en “La Macarena” –la plaza de toros de la ciudad–; al ser consultado por The New York Times respecto a su motivo artístico en una de sus últimas entrevistas, el maestro declaró: “El tema central de mi obra es la América Latina que viví de joven, y por eso a menudo aparecen en mis óleos y dibujos imágenes de mi vida en Colombia”.

Respecto a su padre, Juan Carlos Botero escribió: “La frase: ‘Uno tiene que vivir enamorado de la vida’ que siempre repetía mi padre siempre me sorprendió porque la decía un hombre que perdió a su padre a los cuatro años, que vivió durante décadas en la pobreza, que perdió a su hijo –mi hermanito– también cuando tenía apenas cuatro años de edad, y que luchó contra todo y contra todos sin renunciar jamás a sus convicciones, y sin saber si algún día iba a conocer un mínimo de bienestar o aceptación”.

 

“EL TEMA ES APENAS UN PRETEXTO PARA PINTAR”

El maestro Fernando Botero consideró que todas sus obras “son una declaración de principios”; es decir, “una especie de manifiesto acerca de cómo debe ser, en mi opinión, la pintura, porque la pintura encarna la síntesis del color, la composición, la forma y el dibujo, y todo eso se revela y expresa en el estilo; el tema es apenas un pretexto para pintar”.

“En mi familia nunca hubo pintores ni intelectuales. Mi padre era un agente viajero que se desplazaba por las montañas de Antioquia con varias mulas llenas de mercancías. Recuerdo muy poco de él, yo tenía apenas cuatro años de edad cuando él murió, pero sí me acuerdo del lugar donde estaban las mulas y de su ayudante, un viejo llamado don Antonio”, sostuvo el maestro al diario The New York Times.

“Cuando mi padre murió, nosotros –mi madre, mis dos hermanos y yo– quedamos sumidos en la pobreza, y mi madre nos mantenía con su talento de costurera. En todo caso, de estos recuerdos y de muchos otros están poblados mis cuadros, porque mi tierra natal siempre ha sido, como digo, la materia prima de mi arte”, manifestó Botero.

Al ser consultado respecto a su forma particular de representar el volumen, el maestro colombiano afirmó: “como soy un artista de la modernidad, tengo licencia para llevar mi pasión al extremo, y de ahí la preponderancia del volumen en todo mi trabajo. Mi interés no tiene nada que ver con lo que algunos creen que es la ‘gordura’. La gordura y el volumen son dos cosas muy distintas, porque mientras que la primera afea los objetos, el segundo despierta el deseo del tacto y transmite belleza y sensualidad”.

“Además, el volumen permite exaltar la realidad. Como he dicho en otras ocasiones, una manzana pintada por un maestro –enorme, colosal y voluminosa– es más manzana que la simple fruta de la vida diaria. Esa es la esencia de mi propuesta estética: exaltar el volumen para comunicar belleza y sensualidad, y para transmitir una sensación de monumentalidad”, agregó.

SER UNIVERSAL

El maestro Fernando Botero afirmó en su momento que su legado será su obra de arte entera, creada de una forma consecuente con sus convicciones y coherente con sus ideas a través de toda su vida.

Respecto a la universalidad artística, el famoso pintor colombiano opinó: “Yo creo que para ser universal hay que empezar por ser parroquial, es decir local, y pertenecer a una tierra específica. Por eso amamos el arte de la antigua Grecia, el arte arcaico de la China y el arte arcaico de India, porque eran creaciones auténticas y locales”.

“El arte de Goya pertenece a España, y el arte de Monet pertenece a Francia. Esos artistas alcanzaron la universalidad mediante la representación particular de su propio mundo, porque al tocar las raíces de su tierra tocaron las fibras más profundas y comunes a todas las personas”, complementó el artista.

“Recuerdo que cuando le dije a mi madre que yo quería ser pintor, ella me dijo: ‘Muy bien, pero sepa que se morirá de hambre’. La verdad es que los pintores de esa época eran muy pocos, y los pocos que había en la ciudad vivían de sueldos miserables, dando clases de dibujo a los niños de las escuelas públicas”, contó el maestro.

“El arte fue creado para dar placer. Cuando se da una mirada panorámica a la historia del arte, lo primero que se comprueba es que un 99 por ciento de las obras se hicieron sobre temas más bien amables. Más aún, en los siglos anteriores casi todas las obras eran retratos o temas religiosos o paisajes o naturalezas muertas. Es decir, temas amables que buscaban despertar placer en el espectador”, puntualizó.

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