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Fernando Arrabal: “Entre Picasso, Dalí, Breton o Warhol, me quedo con la madre Mercedes”

EFE
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“Entre Picasso, Dalí, Breton o Warhol, me quedo con la madre Mercedes, ella era mucho más genial”, cuenta Fernando Arrabal en París, donde recibe a EFE posando en las escaleras de su casa. Habla de la monja que fue su maestra, Mercedes Unceta, durante su niñez en Ciudad Rodrigo (Salamanca, España).

“Yo creo que esa monja me permitió estar en el grupo surrealista o con Andy Warhol. Ella me preparó para todo eso, aunque no sabía nada. Por ejemplo, íbamos a Las Hurdes, pero no sabía que Las Hurdes era (Luis) Buñuel”, rememora Arrabal (Melilla, 1932).

Entre incontables tableros de ajedrez, cuadros propios, de Miró o Botero (entre muchos otros amigos) y estatuas y máscaras africanas; este dramaturgo, poeta, pintor, cineasta, premio nacional de superdotados con 10 años, surrealista, patafísico y, ante todo, humano inclasificable, acaba de terminar, a sus 91 años, la que asegura que es su “menos mala” obra de teatro.

“Es una obra genial. Bueno, no. Yo no debería decir eso”, bromea con sus icónicas gafas dobles y su pajarita desanudada.

La pieza, por la que ya se ha interesado el Festival de Otoño de París, transcurre en China, donde se está creando una ciudad consagrada a la inteligencia artificial (un tema que no le asusta, asegura).

“Uno siempre tiene la sensación -agrega el responsable de obras como ‘El cementerio de automóviles’ o ‘Fando y Lis’- de que lo que acaba de escribir es lo mejor. Esta vez creo que es muchísimo mejor”.

En cualquier caso, Arrabal asegura que ha tenido “mucha suerte” con el teatro -aunque todo el mundo pensaba que acabaría siendo pintor, como su padre, un oficial que fue encarcelado por negarse a unirse a los golpistas franquistas-, y pone como ejemplo el éxito de ‘Picnic’.

“No es ni mucho menos la mejor obra del mundo. Pero como es la única que habla de la guerra… ¡Por todas partes tienen que hacer ‘Picnic’! Hay muchas guerras, no es culpa mía”, comparte.

Un plan para matar a Franco y una fabada

Irreverente e incontrolable, Arrabal estuvo entre los peores enemigos de la dictadura de Francisco Franco, aunque asegura que la Policía franquista siempre fue “muy amable” con él.

“Me cago en Dios, en la Patria y en todo lo demás” fue la dedicatoria que en 1967 le valió la detención por blasfemia y ultraje, y por la que fueron a buscarlo de noche a un hotel de La Manga (Murcia) -“de lujo, por cierto, era de la mujer de Franco”, recuerda Arrabal entre risas- para ponerle las esposas.

Aunque los cargos a los que se enfrentó podrían haberle valido una pena de 12 años de la que finalmente fue absuelto, su reacción inicial fue decirle a los policías que no les hacían falta los revólveres que habían llevado, que bastaba con un tirachinas.

“Casi se tronchan de risa”, rememora Arrabal, aunque una vez trasladado a Madrid, a la Dirección General de Seguridad, sí lo metieron en un “cuchitril horrible”.

Allí recuerda estar, en sus propias palabras, “acojonadísimo” por la posibilidad de que las autoridades hubieran, en realidad, descubierto su plan para matar a Franco -enviándole un libro de Santa Teresa de Jesús con veneno en los bordes-, nunca llevado a cabo porque fue rechazado por el Partido Comunista francés.

Pensó entonces que había llegado su final, asegura el dramaturgo, pero lo que apareció fue “un señor muy gordo” que lo obligó a comerse una “maravillosa” fabada, a cucharadas como si fuera una madre alimentando a su hijo, el día antes de comparecer ante el juez.

Como esa anécdota tragicómica, Arrabal tiene todo un catálogo, como cuando lo recibió en Moncloa una primera dama -cuya identidad prefiere guardarse- al grito de “¡Franciscooo!”; el famoso episodio del ‘milenarismo’ en TVE; la vez que fue ‘cobaya’ para una crujía experimental de extirpación pulmonar o las tres veces que intercedió por él la Virgen María, a pesar de ser ateo.

Su currículum está cargado de reconocimientos, como el Premio Nacional de Teatro y el Premio Nadal de Novela y, más recientemente obtuvo el Premio Castilla y León de las Letras 2023, si bien desplazarse a España a recibir homenajes es complicado para Arrabal actualmente, debido a sus problemas pulmonares.

El Nobel y el Cervantes se le escaparon, pero admite que su biografía es incompatible con la institucionalidad de ciertos premios.

“¿Es que usted conoce algún escritor que ha estado, como yo, en todas? Pues eso. Yo creo que eso molesta. En realidad, molesto”, opina. EFE

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