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En buenas manos

EFE/Sáshenka Gutiérrez
EFE/Sáshenka Gutiérrez

Recientemente en Zacatecas, el presidente de la República, precisó que México va a quedar “en muy buenas manos”; ello, sobre la base de que, a su juicio, ya existe una ganadora.

No solo hizo el señalamiento anterior, sino que agregó: “vamos a seguir adelante, me voy contento porque se ha avanzado, ya sentamos las bases para la transformación…”; más aún, fue insistente y reafirmó: “me voy contento porque vamos a seguir llevando a cabo la transformación, aunque yo ya no esté, porque me voy a jubilar, el movimiento va a continuar y el país va a quedar en muy buenas manos.

No se los diría si no fuese así; quien me va a sustituir, lo dije ayer y lo repito hoy, va a ser igual o mejor que el actual presidente de México…”. Con esos planteamientos, es claro que, para él, Claudia Sheinbaum ganará las elecciones del próximo junio.

Desde hace mucho tiempo López Obrador ha sido claro y seleccionó a la exjefa de Gobierno de la CDMX, para que lo sucediera.

Sin duda ello tiene su historia, a partir de 1924, los presidentes de México han decidido quiénes quedarán en su lugar, excepto en 1928, 1930, 1932 y 1934, donde los movimientos fueron realizados por Plutarco Elías Calles, llamado “El Jefe Máximo”. A partir de 1940, quien ocupa el cargo decidía a quien de alguna manera estaría en el poder.

Esta situación abrupta sufrió un cambio en el 2000, donde inesperadamente Vicente Fox Quesada, llegó a la Presidencia, aunque algunos politólogos aseguran que hubo un convenio entre Ernesto Zedillo y el panista; en 2006, se dio una lucha reñida y supuestamente se impuso a Felipe Calderón; para 2012, también se precisa que, por la publicidad, llegó Enrique Peña Nieto; la situación para 2018, fue muy favorable para López Obrador, con un triunfo aplastante que le ha permitido construir todo un nuevo esquema político, denominado Cuarta Transformación.

López Obrador ha expresado que no desea perpetuarse en el poder, inclusive como se dijo anteriormente, piensa jubilarse, pero lo cierto es que él ya prevé una victoria rotunda, de quien seleccionó como la candidata de su partido.

Para algunos, estamos en los prolegómenos de un nuevo priísmo que ocupará el mando del país por mucho tiempo, ante lo cual, las elecciones serán irrelevantes y en ese sentido, el gasto que implican las mismas, definitivamente bien puede orientarse para obras de beneficio social.

En el caso concreto, López Obrador, ha sido enfático en cuanto a quién desea que le suceda; más aún, de diversas maneras, apoya a Claudia Sheinbaum, algo que no se había visto ni aún en las épocas más absolutistas del histórico PRI. Lo cierto es que son nuevas formas de hacer política, el mandatario beneficia a un candidato y critica a otro, lo cual, tal vez deba considerarse incorrecto o, lo que llaman ahora, “ausencia de piso parejo…”.

En otras latitudes, se llega inclusive a que los actos electorales mantengan peculiaridades, como en Estados Unidos, donde, cuando un presidente desea reelegirse, no tiene que renunciar a su cargo y por tanto, en relación con su rival, mantiene mejores condiciones.

En el caso de México, lo que nos debe interesar, es moderar el gasto electoral y buscar que los candidatos actúen en igualdad de circunstancias, ya que es sumamente descarado y cínico, el que diversos gobernantes de todos niveles, ya han mostrado sus preferencias electorales, utilizado con absoluto descaro, los recursos públicos.

Nuestra democracia debe mejorar y evitar tan graves retrocesos.

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