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Redes Sociales

En aumento, los casos de violencia juvenil

Tan solo la semana pasada, tres incidentes se volvieron virales: uno en Puebla, otro en Quintana Roo y otro en el Edomex.

Cada vez es más común observar, sobre todo en redes sociales, y luego en los noticieros televisivos, videos de golpizas a jóvenes que son grabadas por sus propios amigos o compañeros –sin que nadie intervenga para separarlos–, y en donde en la mayoría de los casos dejan a una o varias personas sumamente lastimadas.

Tan solo la semana pasada, tres casos se viralizaron: uno en Quintana Roo, donde unos 15 sujetos agredieron con palos y piedras a un joven, Brayan Alberto, quien se encuentra internado con pronóstico reservado.

Otro fue en Puebla, cuando un joven estudiante –Neto Calderón– fue atacado a golpes y patadas por 7 estudiantes de las universidades Anáhuac y del Tecnológico de Monterrey, muy cerca de la zona de bares en la Angelópolis. Dichos alumnos ya fueron expulsados, de acuerdo a sus escuelas.

El tercer caso se suscitó en Acolman, Estado de México. En el video que circuló de cámaras de vigilancia, se observa cómo Alan, de 23 años, es golpeado por tres personas, jóvenes también, quienes lo dejaron inerte y posteriormente fue diagnosticado con muerte cerebral.

En estos tres casos, llama la atención que no importa el estrato social de los jóvenes involucrados, la saña es la misma, y no les importó ser grabados. Ahora, los implicados son buscados por la justicia para ser juzgados y que respondan por sus actos.

Antes se pensaba que la juventud sin estudios era más proclive a cometer actos violentos, pero ahora se demuestra que no importa el grado escolar ni el estrato social. La violencia surge de manera pareja. Y eso es preocupante, pues se muestra que el tejido social está fracturado y un momento de descontrol puede acarrear problemas de toda índole.

La violencia juvenil, de acuerdo a los expertos, es un comportamiento intencionado por parte de una o varias personas que provoca –o puede provocar–, daños físicos o psicológicos sobre otras. Se manifiesta mediante actos agresivos, injustificados, ilegítimos o ilegales, que se distinguen por su malignidad y tendencia ofensiva contra la integridad física, psíquica o moral de otras personas.

Esta puede presentarse de manera aislada o desarrollarse por parte de grupos de chicos que se unen con el objetivo de participar en actividades violentas.
Las estadísticas anotan que la violencia juvenil prevalece más entre jóvenes de sexo masculino, de clase media, con problemas familiares, de sociedades desarrolladas y prósperas, y cuyas edades oscilan entre los 14 y los 18 años.

SUS RASGOS DE PERSONALIDAD

En entrevista con Ángel Metropolitano, el psicólogo Juan Manuel Hernández, habla sobre los rasgos de personalidad de los jóvenes que ejercen la violencia.

En este tenor, apunta que tienen una elevada tendencia a la agresividad, son impulsivos, hiperactivos, con poca capacidad para la reflexión y poca o nula falta de control ante la ira.

Además, demuestran frialdad, poca empatía, dudas para identificar las propias emociones y las ajenas. También están casi siempre en una actitud defensiva, desafiante, perciben en las demás personas señales de amenaza y agresión, malinterpretando las intenciones que éstas puedan tener, y tienen una baja tolerancia a la frustración.

Asimismo, de acuerdo con el psicólogo, estos jóvenes violentos son incapaces de aceptar normas o límites en los entornos familiares, de la escuela y la sociedad; “sus habilidades sociales están poco desarrolladas, y presentan dificultades para resolver los conflictos que se les presentan, pues demuestran una fuerte tendencia a afrontar los problemas con el uso de la fuerza y la imposición”.

¿Qué papel juegan las redes sociales?
– Muchas veces los jóvenes, si tienen una autoestima pobre, o con sentimientos de inferioridad, se dejan influenciar por lo que miran en internet. Los famosos retos virales son un ejemplo. Si los hacen y son grabados y publicados en redes, creen que se volverán famosos y serán aceptados, aun a costa de realizar actos peligrosos o ilegales.
“Así, al ser grabados, como cuando golpean a una persona de manera tumultuaria, creen que eso les dará un sentido de integración con sus compañeros y en las redes sociales. Es la cultura del like”.

Sin embargo, apunta el psicólogo Juan Manuel Hernández, se debe identificar en dónde se da más la influencia para que un joven cometa actos violentos o ilícitos. Y dice que primeramente el ámbito familiar es el de mayor influencia para el desarrollo de la violencia, al no marcarse los límites o normas desde la infancia, o por el abandono de los padres, que se la pasan trabajando y no están al pendiente de lo que sus hijos hacen, y les permiten todo.

La escuela, explica el especialista en conducta juvenil, también es de vital importancia. “El centro educativo –ya sea público o privado– en algunas ocasiones hace caso omiso de señales de violencia entre alumnos, y no asume las responsabilidades que tienen con sus alumnos, lo que ocasiona que muchos jóvenes no respeten o sobrepasen los límites sin que existan consecuencias, en lugar de enseñarlos a gestionar y resolver los conflictos que pudieran aparecer”.

Otro factor que se debe tomar en cuenta en esta violencia y agresividad entre los jóvenes, remata el psicólogo, es el fácil acceso al alcohol y las drogas, además de las conductas de imitación, sin que alguien les diga que su proceder es el incorrecto. <<

David Casco Sosa estudió la licenciatura en Ciencias de la Comunicación en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, en la generación 1988-1991.

En la misma escuela fungió como profesor en las materias de Sociedad y Comunicación y Propaganda y Opinión Pública.

Reportero desde 1990, ha pasado por las redacciones de revistas y periódicos como Quehacer Político, México HOY, Tabasco HOY, Campeche HOY, Milenio, Novedades, El Gráfico, Impacto, IQ Magazine, Diario BASTA, etcétera, donde se ha desempeñado como reportero, jefe de redacción, editor, subdirector y director. Actualmente es director editorial del semanario digital Ángel Metropolitano, desde su fundación.

En 2008, ganó el Premio Nacional de Periodismo, en el género de Entrevista, y en 2019 en el género de Nota más oportuna, ambos entregados por el Club de Periodistas de México.

Ha sido consultor de proyectos editoriales para la formación de varios diarios en provincia, pero siempre ha regresado a la Ciudad de México, donde incursionó también en la edición y cuidado editorial de libros sobre el tema de la delincuencia organizada.

También ha impartido conferencias sobre el tema de periodismo en diversas universidades, y colabora como dictaminador literario para dos editoriales.

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