El Yunkyard bar

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Reyna Luna Newcombe

Por Reyna Luna Newcombe

Granjeno, Texas.- Su nombre lo dice todo: “Bar el Yonque” donde todo es alegría, risas, tragos y baile, sería un bar cualquiera si no fuera porque solo a unos metros al sur se ubica el muro fronterizo.

El muro, construido encima de un dique que evita inundaciones provocadas por el Río Bravo, se impone altivo y arrogante de color acero oxidado, es frecuentemente traspasado por los ansiosos migrantes.

Otras veces los alegres visitantes del Yunkyard Bar que se contonean al ritmo de la música Tex-Mex ven pasar camiones blancos bajando lentamente del sur del muro, repletos de migrantes, especialmente niños no acompañados o familias enteras.

“Vengo poco, pero hace como dos semanas vi un camión con mucha gente, más niños que se asomaban por las ventanas, algunos sonriendo, otros llorando, yo solo los saludé con las manos, pero no puedo entender cómo las madres mandan por ellos”, dice “Rosy”, una asidua visitante al bar.

Y es que “Rosy” sabe que muchos de estos niños son traídos por los coyotes a los Estados Unidos, pagados por las madres o padres que ya se encuentran viviendo ilegalmente en este país, exponiendo a los chicos a toda clase del peligro que van desde violaciones sexuales hasta el contagio de enfermedades en medio de la pandemia.

Hasta el jueves 15 de abril habían ingresado a los Estados Unidos 22 mil nuevos niños migrantes no acompañados de los cuales más de 10 mil habían sido instalados en Centros de Convenciones, bases aéreas y en instalaciones federales de Aduanas y protección Fronterizo.

La cantidad es muy superior, guardando proporciones, a la cantidad de niños que ingresaron durante la crisis humanitaria, como así lo llamó el expresidente Barack Obama.

Para muchos el espectáculo de ver cruzar los migrantes es triste, pero otros gustan de tentar a la suerte y hacen sus apuestas de sí los captura o no la Patrulla Fronteriza.

En realidad el curioso bar llama la atención por el lugar donde es ubicado en uno de los rincones del sureste de los Estados Unidos que para muchos es la entrada al paraíso que para ellos significa llegar a este país, aunque el famoso “sueño americano” haya quedado solo en eso, en una quimera.

A pesar de los grandes números que ya han ingresado a los Estados Unidos, las fronteras mexicanas están repletas ya de menores esperando el momento preciso de pisar suelo norteamericano, muy seguros de que lograrán quedarse.

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