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El sentimiento de soledad en la tercera edad

El aislamiento en los mayores no es solo una preocupación emocional, también tiene consecuencias físicas y mentales, que pueden combatirse con un estilo de vida activo.

El confinamiento ha sido uno de los grandes sucesos traumáticos del siglo y sus efectos se han manifestado en los habitantes de todo el mundo; sin embargo, el impacto que ello ha provocado en los ancianos –especialmente con problemas de movilidad o autonomía– es algo que se viene observando en un agudo sentimiento de soledad.

Esta sensación no es solo una preocupación emocional, también tiene consecuencias físicas y mentales, que se agravan con la pérdida de familiares y amigos debido al paso inexorable del tiempo; todo ello es un factor que puede combatirse con un estilo de vida activo.

La falta de contacto con la sociedad es un flagelo que se viene estudiando en todo el mundo; al respecto, la Cruz Roja de España implementó nuevos proyectos de acompañamiento y ha reforzado las líneas de asistencia que ya llevaba a cabo.

“El Área de Personas Mayores, con Discapacidad y Cuidadoras de Cruz Roja atiende a cerca de 260 mil personas al año, es de por sí la más activa. A raíz de la pandemia hemos visto cómo se incrementaron los perfiles vulnerables de soledad y depresión y cómo aparecían nuevas necesidades”, declaró Joaquín Pérez, responsable del Programa de Personas Mayores, con discapacidad y cuidadoras de Cruz Roja.

“Una de las primeras cosas que hicimos en la desescalada fue el acompañamiento en el paseo. La gente nos decía que quería salir y nuestros voluntarios y voluntarias iban con ellos, cumpliendo con todos los protocolos de seguridad. También aprovechamos el verano para hacer muchas actividades al aire libre porque sabíamos que venía un otoño complicado y que era importante respirar”, agregó.

“AQUÍ NO ME QUEDO”

El documental titulado “Aquí no me quedo: la lucha contra la soledad en la vejez”, realizado por los alumnos del máster en Comunicación de la Universidad de Granada, España, refleja que en esa ciudad la situación es muy particular debido a las estadísticas que revelan que casi un tercio de los hogares son unipersonales y el rango de edad en dicha vivienda va desde 60 hasta más de 80 años.

Según el Instituto Nacional de estadísticas en torno al 30% de la población granadina vivirá sola para el año 2035; sin embargo, los realizadores afirman que esa realidad ya es tangible en la actualidad porque la ciudad se sitúa en el puesto 44 de 52 de toda España en la tabla de esperanza de vida con una media de 81 años.

Al respecto, en Granada se ha puesto en marcha la creación de espacios que favorecen el “envejecimiento activo” donde la sociedad puede visibilizar a las personas mayores, principalmente dependientes, y que con ello se fomenta la inclusión de la tercera edad en las actividades comunes de la sociedad.

Juan Nieto Fernández, presidente de la Asociación para el Bienestar de la Tercera Edad Candelaria (ABTE Candelaria), revela que la asociación trabaja incluyendo y concientizando a la sociedad de que los adultos mayores lo que necesitan es sentirse incorporados no excluidos.

“La situación de las personas mayores es francamente sensible, ya que vivir en soledad se traduce en un riesgo alto de producirse problemas de salud, como limitaciones físicas, depresión, ansiedad, deterioro cognitivo o el agravamiento de enfermedades crónicas”, sostuvo Guillermo Acuña González, parte del equipo realizador del documental.

“LOS ADULTOS MAYORES SOMOS MÁS COMO NIÑOS PEQUEÑOS”

Según datos del informe “Perspectivas de la población mundial 2019”, realizado por Naciones Unidas, en 2018, por primera vez en la historia, las personas de 65 años o más superaron en número a los niños menores de cinco años en todo el mundo; es decir, en 2050, una de cada seis personas en el globo tendrá más de 65 años (16% del total).

Para Ignacio Buqueras y Bach, coordinador y coautor del libro “Vejez activa”, el diálogo es fundamental, así como el afecto, por ello, para que los adultos mayores puedan reencontrarse y, al mismo tiempo, ser útiles a la sociedad hay que crear un ambiente adecuado y un sistema de solidaridad.

“Me jubilé porque no tuve más remedio y todos los días me levanto a las seis de la mañana como si fuese a la facultad; luego, salgo de mi casa para caminar hasta allá y me regreso también caminando porque la soledad me agobia mucho”, declaró Salvador Camacho Pérez, catedrático jubilado de la Universidad de Granada.

“Las personas mayores somos muy parecidas a los niños pequeños porque si alguien nos dice que va a venir por nosotros y no aparece, nos entristece, porque uno los espera con gran emoción e incluso se prepara todo un monólogo de lo que conversará o genera tantas expectativas e imaginación que, si no ocurre, realmente es algo triste”, agregó.

“Hace unos años me rompí la cadera y ya no pude movilizarme sola, ahora dependo de una persona o de mí, que muchas veces me arriesgo por salir; por ello pienso en que ojalá los gobiernos creen espacios donde los menores y los adultos interactúen con los ancianos y creen la conciencia de lo importante que es el acompañarse en esta vida”, puntualizó María Luque Fernández al ser entrevistada para el documental.

(CON INFORMACIÓN DEL CANAL DE YOUTUBE “AQUÍ NO ME QUEDO DOCUMENTAL” Y DE LA AGENCIA EFE)

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