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El Rijksmuseum expone la danza de los pinceles de Frans Hals en retratos del XVII

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Frans Hals, artista neerlandés del siglo XVII, tenía un toque especial: sus retratos destilan realismo y sus pinceladas danzan con un ritmo propio, creando un estilo suelto y expresivo que se destaca por su dinamismo, un arte que se puede admirar a en una gran exposición en el Rijksmuseum de Ámsterdam.

Observado desde los ojos del siglo XXI, cada retrato elaborado por Frans Hals (1582-1666) se asemeja a una perfecta instantánea hecha con una cámara de alta calidad de nuestros días, a excepción de los extravagantes cuellos y los antiguos tocados que llevan sus retratados, que transportan claramente a un tiempo muy pasado.

“Tiene pinceladas muy sueltas, y eso es movimiento. Parecen instantáneas, pero eso es algo de la fotografía. Lo extraordinario es que él ha logrado hacer instantáneas, sin saber de fotografía, y sugiere movimiento de una manera inteligente. Esto fue 200 años antes de la fotografía”, señaló a EFE Friso Lammertse, conservador de arte del XVII en el Rijksmuseum.

Hals tiene alrededor de doscientas obras a su nombre, centradas en figuras humanas. Estos lienzos, que varían en tamaño pero no escatiman en detalles, presentan a parejas nobles, mercaderes, adinerados burócratas, músicos con instrumentos irradiando alegría, y niños juguetones con miradas chispeantes.

Los protagonistas claramente posaban para Hals, pero él “inventaba la pose de antemano, porque cuando pides a alguien que pose, se está quieto, pero lo increíble aquí es que parece que se mueven”. “Quizás lo haya hecho de forma intuitiva, pensó que, si lo hace de forma suelta, sugiere movimiento”, explicó Lammertse.

También captura a adultos sencillos y un poco más desenfadados, riendo a carcajadas y con la boca abierta, algo que en aquel tiempo no se consideraba decoroso. Por eso, la mayoría posan con ropa negra y cuellos de encaje blanco, formales y conservadores.

“Es la tradición según la cual los hombres son extrovertidos y se les permite hacer todo, y las mujeres, es un cliché, no deberían moverse porque serían consideradas de clases inferiores. Lo que se ve aquí es lo que ellos querían, sus etiquetas de cómo deberías comportarte. Estas no son fotografías, es cómo la gente quería ser vista. Y estas son las ideas en el siglo XVII en la República Neerlandesa. Los hombres deberían salir, y las mujeres no deberían ser demasiado inquietas o reír demasiado fuerte”, añadió Lammertse.

Hals nació en Amberes, pero sus padres se mudaron desde el sur católico durante la Guerra de Flandes (1568-1648), buscando una vida mejor en la parte protestante del norte neerlandés. Así terminaron en Haarlem, donde Hals se hizo pintor.

Fue un retratista muy solicitado, pero su arte cayó en el olvido a lo largo del XVII, hasta la segunda mitad del XIX, cuando fue redescubierto y admirado por el público, pero también por artistas como Vincent van Gogh, Gustave Courbet y Claude Monet, entre tantos otros.

Aunque fue un maestro en el arte del retrato, las finanzas siempre fueron un asunto espinoso en su vida.

Tuvo tres hijos con su primera esposa, que falleció prematuramente, y se estima que once con su segunda pareja.

Hals alcanzó una longevidad notable, viviendo hasta los 84 años, una edad impresionante para su tiempo, y mantuvo su pasión por la pintura activa hasta sus últimos días. En 1664, todavía producía obras significativas, incluyendo dos destacados retratos de residentes de un hogar de ancianos en Haarlem.

El Rijksmuseum acogerá del 16 de febrero al 9 de junio la exposición de 48 retratos de colecciones internacionales. “El caballero sonriente” regresa a Países Bajos por primera vez desde 1870, prestada por la Galería Nacional de Londres, y también se puede admirar “Grupo familiar ante un paisaje”, cuadro del Museo Nacional Thyssen-Bornemisza de Madrid.

El retrato de Isaac Abrahamsz Massa y Beatrix van der Laen es un ejemplo del talento de Hals para capturar la naturalidad y la comodidad en sus sujetos. Este doble retrato muestra a la pareja en un ambiente relajado y amoroso, bastante innovador para la época. El modo en que el hombre se inclina y la mujer apoya su mano sobre su hombro muestra una intimidad y afecto genuinos.

También está la “Malle Babbe”, un retrato bastante único. Se cree que representa a una mujer conocida en Haarlem por su personalidad extravagante: la jarra de cerveza en su mano podría sugerir amor por la bebida o alegría, y el búho sobre su hombro era a menudo un símbolo de locura. Su expresión abierta y risa capturan despreocupación o incluso rebeldía. EFE

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