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El por qué las mujeres chinas vendaban sus pies

Jo Farrell es una fotógrafa que radica en Hong Kong dedicada a fotografiar costumbres femeninas que a la fecha no son vigentes. A lo largo de 8 años se dedicó a retratar a 50 mujeres que mostraban sus pies vendados, todas en el área rural de China.

Estas ataduras en los pies fue una práctica terriblemente dolorosa para las víctimas expuestas a esto.

Existía un término denominado “los pies de loto dorado” y consistía en tener unos pies diminutos. Se lograba a través de quebrar los dedos y los arcos de las niñas al atarlos a la planta del pie con tela. Esta práctica auguraba un buen matrimonio y un buen estilo de vida.

”Desde el punto de vista convencional (los pies vendados) existían para complacer a los hombres. Se creía que ellos eran atraídos por los pies pequeños”, explicó Laurel Bossen, coautora del nuevo libro Bound feet, Young Hands (Pies vendados, manos jóvenes).

Las niñas que tenían sus pies vendados no llevaban una vida de belleza ociosa, sino que más bien servían a un propósito económico crucial, especialmente en el campo, donde niñas pequeñas desde los siete años tejían y trabajaban con sus manos, añadió Bossen.

La práctica de vendar los pies persistió durante tanto tiempo porque tenía una razón económica evidente: era una manera de asegurarse que las niñas y jóvenes permanecieran sentadas y ayudaran a fabricar productos como hilados, telas, esteras, zapatos y redes de pesca de los que dependían las familias para obtener ingresos. Y hasta a ellas se les dijo que estas labores les asegurarías más probabilidades de casarse.

Bossen sostiene que las mujeres no eran tímidas frente a hablar o mostrar sus pies vendados. Un hecho que despierta escepticismo en la coautora acerca de que se tratara de un fetiche cargado eróticamente.

“Es necesario conectar las manos y los pies. Las mujeres con pies vendados desempeñaron importantes trabajos manuales en casa dentro las industrias artesanales. La imagen de ellas como trofeos sexuales ociosos es una seria distorsión de la historia”, argumentó Bossen.

De tal manera que la práctica de vendar los pies persistió porque aseguraba que las niñas jóvenes permanecieran sentadas y trabajaran en tareas aburridas y sedentarias por muchas horas cada día, insistió la coautora. Una situación que, continuó, terminó sólo cuando las telas manufacturadas y las importaciones extranjeras eliminaron el valor económico del trabajo manual.

Bossen, profesora emérita de antropología en la Universidad McGill de Montreal y Hill Gates, que ocupa el mismo puesto en la Universidad Central de Michigan, entrevistaron a un poco menos de 1.800 mujeres ancianas de varias localidades en la China rural: la última generación con los pies vendados. El objetivo de los investigadores era precisar cuándo y por qué la práctica empezó a morir.

Uno de sus hallazgos fue que los pies vendados permanecieron por más tiempo en las zonas donde todavía había sentido económico en producir mercancías en casa como la tela. De ahí que esta tradición también haya comenzado a declinar solamente cuando estuvieron disponibles alternativas manufacturadas más baratas en estas regiones.

La práctica de los pies vendados se remonta a la dinastía Song (960-1279) y se fue extendiendo primero de los círculos de la corte a las élites ricas para, finalmente, llegar de la ciudad al campo. Durante el siglo XIX la tradición ya era común en toda China.

Empezó a desaparecer en los primeros años del siglo XX. Un hecho generalmente atribuido a las campañas ideológicas que condujeron misioneros y reformadores, con los movimientos posteriores del gobierno nacionalista y después de los comunistas para prohibir la práctica.

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